HACE VEINTICINCO años me enteré que había
alguien en el barrio donde vivía que era de una religión
diferente a la católica. Pensé que como católico tenia la verdad
y la obligación de orientarlo a la Iglesia verdadera. Así que
fui a verle para charlar con él.
Me desconcertó el uso que hacía de la Biblia.
Especialmente la lectura de Exodo 20:4,5 me llamó la atención.
Comprobé después en mi Biblia traducida por católicos y
rápidamente fui a mi madre y abuelos para contarles lo que había
aprendido sobre las imágenes. Tenía sólo 16 años y estaba por
empezar un camino que marcaría mi futuro. Pronto comencé un
estudio bíblico (estudiaba en la calle sentado en alguno de los
bancos del barrio dado que a mis padres no les gustaba que
estudiara). Algunos de mis amigos también empezaron a estudiar.
Empezamos a asistir al único Salón del Reino que había en
Sevilla. Disfrutaba mucho con los discursos que daban hermanos
como F. Carrizosa, Manfred, Felice Episcopo y otros .
Sentí un gran alivio al aprender que las
enseñanzas católicas de un castigo eterno en el infierno, el
purgatorio y otras no tenian base bíblica. Además aprendí que
los cristianos no tenian que matar a otros cristianos en las
guerras . Y la esperanza de vivir en un paraiso cercano en la
corriente del tiempo era dulce y refrescante. Todo esta
información venía en un libro de pasta azul: "La Verdad
que lleva a Vida Eterna". Recuerdo que cuando fuí a
pagarlo el misionero puertorriqueño no me cobró algunas
pesetillas que faltaban para completar las 18 que costaba. Yo
estudiaba bachillerato en un colegio salesiano y recuerdo que
contesté un examen con algunos textos bíblicos que precisamente
chocan con la teologia católica y curisoamente no me
suspendieton, me dieron notable. Eso sí tuve que pasar una tarde
por el despacho de uno de mis profesores ya que mis padres
habían hablado con el director para que me quitaran de la cabeza
mis nuevas ideas religiosas.
Pero nada ni nadie podian hacerme cambiar.
Las revistas y hasta los libros los pasaba a mi casa escondidos
debajo de la ropa. Por aquel entonces recuerdo cuando estaba en
mi habitación escuchando en la radio el programa "El consejo
del doctor" donde fueron invitados algunos hermanos en un
debate sobre el tan conflictivo tema de la sangre.
Se acercaba 1975. Tenía conocimiento de los
rumores que había sobre ello. Aunque pensaba que esto no estaba
de acuerdo con el espíritu del texto de Mateo 24:36 esperaba que
si no en ese año el nuevo sistema vendría en alguno de los años
próximos. No me causó una fuerte desilusión. Más tarde me enteré
que había un anciano muy relevante que por decirlo así estaba
dispuesto a poner la mano en el fuego a favor de esa fecha.
En 1974 decidí una vez terminado el bachiller
superior buscar un trabajo con un buen horario que me permitiera
dedicarme más a la congregación a la vez que independizarme de
mi familia que seguía sin ver con buenos ojos a los testigos.
Renuncié pues a estudios universitarios ya que también pensaba
que a este sistema le quedarían pocos años. En Julio de 1975
empecé a trabajar de administrativo con el horario que buscaba,
sólo por la mañana.
Tuve conocimiento por aquellas fechas de la
existencia de otros grupos religiosos igualmente de origen
norteamericano como adventistas y mormones. Por los años que
llevaba estudiando tenía que tomar pronto una decisión sobre el
bautismo. No terminaba de decidirme a dedicarme como testigo de
Jehová . Estaba receloso respecto a algunas cosas. Pensé en
investigar algo acerca de los adventistas y mormones, pero la
creencia en la Trinidad de los primeros y la complicadísima
teologia de los segundos me hicieron desistir y tomé la decisión
de bautizarme presionado algo por la necesidad de afrontar la
prueba de la neutralidad pronto. Había que decidir. En Enero de
1978 en una asamblea de circuito me bautizé a los 20 años de
edad.
En el verano de ese mismo año 1978 en vez de
coger el barco para Melilla para hacer el servicio militar
tomaba un avión con destino a Barcelona para asistir a la
asamblea internacional "Fe Victoriosa". Recuerdo que me
impresionó el cartel anunciador del discurso público que más o
menos decía: "Jesuscristo, rey victorioso, con quién tienen
que enfrentarse las naciones". Fue una experiencia
inolvidable. Era todo felicidad. Te encontrabas hermanos por
todos sitios.
Pronto empezaron a darme privilegios en la
congregación. Llegué a ser Siervo Ministerial y me invitaban de
vez en cuando a pronunciar discursos públicos. Disfrutaba
también de la asociación cristiana. De vez en cuando saliamos
juntos grupos de jóvenes hermanos para pasear o tomar unos
refrescos.
En la primavera de 1980 hice el precursorado
auxiliar. También Mari Carmen, mi esposa lo hizo. Ibamos a
predicar a pueblos próximos a la capital. En Enero de 1981
formalizamos nuestra relación y en Julio de ese mismo año
celebramos nuestra boda.
Al año siguiente nació nuestra hija mayor
Rosana. Dos años y medio después vino su hermana Elizabeth.
Recuerdo que por aquél tiempo la ley que había sobre el servicio
militar no era aceptable por la Sociedad ya que ofrecía un
servicio civil obligatorio para los objetores y se castigaba con
pena de prisión a quién no lo aceptara. Esta posición no la
compartía. No veía base bíblica sólida para rechazar el servicio
civil. Pensaba que entraba en una zona "gris" donde la
conciencia del individuo debía decidir. Aprovechando la visita
de un superintendente de distrito estuvimos hablando un buen
rato sobre el particular. Se esforzó en tratar de convencerme de
que era incorrecto aceptarlo. Yo no me fuí convencido con sus
argumentos. Estaba preocupado con la idea de ir a la cárcel.
Tenía una familia.
Eso significaba la pérdida del puesto de
trabajo. Como en mi empresa estaban por aquellas fechas
ofreciendo bajas incentivadas y no estaba claro lo que iba a
ocurrir con los objetores insumisos a todo tipo de servicio
llamé preocupado a un hermano abogado de Madrid para que me
aconsejara sobre si era preferible coger el dinero dadas las
perspectivas de cárcel segura si se aplicaba la ley (condena de
dos años cuatro meses y un día a seis años).
El hermano me aconsejó, con su mejor
intención, que cogiera el dinero. Yo opté por esperar.
Afortunadamente para mí pasó el tiempo sin
que hubiera una solución por el Estado, que dió carpetazo a los
objetores que llevabamos esperando algunos años y no tuvimos
ningún problema. Algunas veces me he preguntado: ¿hubiera sido
fiel a mi conciencia o hubiese ido a prisión por temer a una
expulsión al no obedecer la norma que imponía la Sociedad?
No lo sé. Cierto es que tenía en alta estima
lo que decía la Sociedad, era casi como si viniera del mismo
Creador. Ignoraba por completo la división que había entre los
miembros de la Sociedad sobre esta cuestión, pero como no hubo
mayoría en la proporción de las dos terceras partes para cambiar
la norma este cambio habría de esperar. Claro, de esto no me
enteré hasta leer el libro "Crisis de conciencia". Es una
de las cosas que más me impactó.
Pero como estaba ajeno a todo ello yo seguía
confiando en la Sociedad. Y aunque a veces no todas las
experiencias eran positivas en la congregación (por ejemplo: a
raíz de que la hija de un anciano, estudiante en el instituto,
se quedó embarazada había tanta tensión y división en el cuerpo
de ancianos que lo unicó que les faltó fué llegar a las manos),
prefería estar dentro de la misma.
Nos mudamos a una casa que construimos en un
pueblo cerca de la capital. Allí vivía mi cuñado, anciano de la
congregación del pueblo, y su familia. También estaba rodeado de
otros hermanos. Nos las prometiamos felices rodeados de tantos
hermanos, algunos ancianos y siervos ministeriales. Luego el
tiempo daría al traste con tales expectativas. Los años pasaban,
el fin no llegaba. Ya no tenía el entusiasmo de años anteriores.
Mi actividad fue decreciendo. Dejé de ser siervo ministerial. Me
estaba replanteando mi situación espiritual. No tenía claro
ciertas cosas. Entonces se planteó el siguiente problema con
Elizabeth, mi hija menor:
Elizabeth, desde muy pequeña, tenía problemas
de salud en el aparato digestivo. La llevabamos de vez en cuando
a la consulta de un catedrático pediatra especialista en el
aparato digestivo. Creiamos que estaba en uno de los mejores
profesionales para solucionars el problema. LLevaba una
temporada tratándola de molestias y pequeños dolores en el
vientre. Un día se agudizó el problema. La llevamos. Mi esposa
le preguntó: ¿No será apendicitis?. El respondió que nó era
apendicitis. Pero Elizabeth estaba bastante mal. El reconoció
que si la lleváramos al hospital la dejarian ingresada.
Decidimos cambiar de médico. La llevamos a otro. Nos recomendó
que no esperáramos, que fuéramos al hospital. La niña cada vez
se quejaba más. Nos atendió una amable doctora, joven en la
profesión, que le hizo algunos análisis y pruebas. No daban nada
claro. El dolor le hacía moverse en la cama. Había que decidir
pronto y la doctora decidió en vistas de lo mal que estaba,
operar. Creía que era apendicitis. Le explicamos que no
queriamos que utilizasen sangre en la operación. Mi esposa le
explicó a la doctora que no queriamos que utlizara sangre en la
operación. La doctora dijo que aunque esperaba que no hiciera
falta, salvo complicaciones, la niña era menor de edad. Eran las
doce de la noche. La bajaron a quirófano para ser intervenida y
tanto yo como mi esposa y mis padres nos quedamos en la planta
con nuestro temor y angustia en una tensa espera dada la
situación.
Durante la hora y media aproximadamente que
duró la operación por mi mente pasaron preguntas como éstas:
Aunque la doctora nos dijo que salvo
complicaciones no haría falta sangre ¿si fuese necesaria y dado
que no había al parecer tiempo para pensar en mudarse a otro
hospital que haríamos? No podía entender que la santidad de la
sangre llevara consigo en tener que sacrificar una vida humana.
¿Cómo puede ser más importante el símbolo de la vida que la vida
misma?
¿No podía haber otra interpretación más
humana? ¿Era realmente el punto de vista de Dios o el punto de
vista humano que puede cambiar con el tiempo?
Afortunadamente no se nos puso entre la
espada y la pared. No nos ocurrió al igual que a otro hermano
que trabajaba de celador en el hospital. Le ocurrió que tuvo que
ingresar a su mujer en el mismo hospital. La mujer estaba
perdiendo demasiada sangre. Fue avisado el médico de urgencia,
pero se retrasó negligentemente y se hizo necesaria la
transfusión.
No había tiempo para trasladarla a otro
centro hospitalario. Estaba realmente en una tesitura
angustiosa. Decidió autorizar la transfusión. Entonces los
hermanos que le acompañaban lo dejaron sólo con su niño pequeño
ya que había transigido. La esposa se salvó pero fueron tan
malos los momentos que pasó que llegó a perder toda la
dentadura. Posteriormente fue restaurado en la congregación.
Retomando el tema decía que no se nos puso
entre la espada y la pared porque la doctora nos comunicó la
operación salió bien. Tenía en sus propias palabras una
apendicitis más grande que ella y gangrenada por lo que un poco
más de demora en operar hubiera sido muy peligroso.
Comprendí entonces que no concordaba
plenamente con la Sociedad en cuanto al tema de la sangre y que
debía investigar más sobre el tema para encontrar una
explicación más equilibrada y humana. Elizabeth se repuso
después de unos días en el hospital. El trato recibido por la
doctora fue excelente. Agradeció mucho un obsequio que le llevó
Elizabeth unos días después de recibir el alta. Todo en esta
ocasión terminó felizmente pero para mí la experiencia también
sirvió para hacerme dudar y por consiguiente aflojar el paso en
la congregación.
Dos o tres años después nos mudamos a vivir
al Puerto de Santa María. Ví en televisión un programa (Línea
900) acerca de los Testigos y me impresionó la entrevista a
Raymond Franz. Me conecté a Internet. Allí había mucha
información en inglés. Me enteré que R. Franz tenía publicado el
libro "Crisis de conciencia". Ansioso de leerlo llamé a
varias librerias evangélicas. Lo localicé en una libreria de
Sevilla. En la primera oportunidad que tuve de ir a Sevilla fuí
a comprarlo. Recuerdo que como llegaría 10 minutos después del
cierre llamé por teléfono para que me esperaran en la tienda. La
mujer amablemente me esperó y por fin pude conseguirlo. Esa
misma noche empecé a devorarlo. Me gustó mucho el estilo del
autor. En otras ocasiones había leido libros en contra de la
Sociedad pero me habían desilusionado. Sólo sirvieron para
afianzar mi confianza en la organización. Después escribí a un
apartado de correos de Algeciras ya que se anunciaba en un
periódico que ayudaban a Testigos o familiares. Me mandaron
buena información. También contacté con algunos ex-testigos. Un
folleto que me gustó bastante fue "La sangre, la vida; la
Ley y el Amor" de Raymond Franz. También "De casa
en casa".
He aprendido que no todos los que dejan la
organización se envuelven en conducta anticristiana.
Afortunadamente encontramos personas que desean que Cristo
influya en sus vidas y aprecian las Sagradas Escrituras. ¿Cómo
podemos negarle el saludo a estas personas? No me parece bíblico
el hacerlo sólo porque difieran en ciertas doctrinas con la
Sociedad.
Ahora me encuentro mejor conmigo mismo. No
tengo cargas de conciencia por no ir a la salida los domingos.
Estoy en una fase de investigación que llevará tiempo. Mi esposa
está bastante afectada por el comportamiento de algunos
hermanos, nada amoroso. Yo me siento más afectado por el
comportamiento del Cuerpo Gobernante. Me he sentido defraudado
cuando leí la información en el libro "Crisis" acerca de
sus formas de imponer sus normas que hay que obeceder, dado el
riesgo de expulsión, aún cuando ellos mismo no están de acuerdo.
Y no quisiera concluir este relato sin dejar
de recomendar a cualquiera que se encuentre en una situación
similar a que lea e investigue mucha información seria y de
calidad que hay sobre la organización y sobre temas bíblicos.
Fernando González Martín