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SANDRO RECABARREN (MIKER) 

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MI VIDA COMO PRECURSOR

Soy natural de Santiago de Chile, de antecedentes católicos. Estudié en un colegio Salesiano toda la primaria y secundaria. Ya sabes que por lo general la educación de establecimientos católicos es buena, debido a esto mi paso académico lógico era estudiar en la Universidad, paso truncado antes de desarrollarse.

En Chile como en la mayoría de los países subdesarrollados (eufemísticamente “en vías de desarrollo”), la diferencia en el reparto de ingresos entre los universitarios y entre quienes no lo son es extremadamente pronunciada, de tal modo que mi familia de clase media, orientaba sus esfuerzos en permitir que mis hermanos y yo (somos tres), procuráramos ingresar. Para 1989 la familia ya contaba con mi hermana secretaria ejecutiva bilingüe, mi cuñado médico, mi hermano ingeniero y yo, estudiante promisorio del último grado de secundaria.

La alta demanda de ingreso a la universidad ha provocado que la selección de ingreso a las universidades tradicionales sea de carácter muy exigente y para establecer un sesgo, se ha ideado una prueba de Aptitud Académica.

Es en Octubre de mi último año de secundaria cuando soy “abordado” (Usaré términos watchtoweros), en mi casa por un hermano. Mi adolescencia se enfrentaba a las preguntas típicas del ¿Qué somos? ¿Hacia donde vamos? ¿Porqué estamos acá?. La introversión de ese entonces, aumentada por mi despertar a la atracción al sexo opuesto, la creencia de que era poco importante, los deseos de cambiar el sufrimiento, el creer que Dios me rechazaba por mis masturbaciones adolescentes,  me llevaron a buscar respuestas.

Mis antecedentes religiosos habían hecho que yo creyera en buenas porciones de las escrituras y en fin, aquella tarde una pareja de hermanos me preguntó después de saludar. ¿Dime cuál crees tú que es la solución a los problemas del mundo? Y sonrieron. Yo respondí “Cristo por supuesto”, y muy alegre de hablar del tema los invité a pasar a mi casa, cosa que los tomó por sorpresa. Quien llevaba la delantera, habló de muchas cosas y en el transcurso de la conversación los minutos se alargaron. Su compañero, un joven, extremadamente tímido y limitado en desplante, parecía incómodo y se marchó a buscar el grupo de predicación. Yo por mi parte permanecía absorto viendo cómo aquel “misionero”, dominaba la Biblia a su antojo y le pregunté “Sr ¿Usted sabe la biblia de memoria?”, el rió y dijo “Nooo, lo que pasa es que nosotros estudiamos la biblia”, ”Entonces…podría Yo estudiar” le dije. Por supuesto, respondió y sacó de su maletín un libro rojo con bellas ilustraciones “Ud puede vivir para siempre …”. Aprovechando tal oportunidad yo le dije, Sr hay algo que me he estado  preguntando. Verá usted, por mucho que me esfuerzo no logro comprender el misterio de la Stsima Trinidad, es decir, cuando Jesús agonizaba en la cruz, no se habló a si mismo verdad?. Él se manejó con un despliegue sorprendente de información que dirigió mi razón sobre el asunto y me dejó claro que tal idea no se halla en la Biblia (en su interpretación de la biblia), y me dejó predispuesto a aceptar todo lo que de él viniera. Por tanto debo decir que mi primer contacto serio con los TJ fue en las condiciones más ideales para un publicador con relativa experiencia. Yo era un joven hambriento de certezas, sin mayores cambios de hábitos, en el período de toma de decisiones, con educación e inteligencia que bastaban para ser un buen recolector de ideas y de personalidad que tendía a mantener bajo el perfil.

Esa tarde “me colocaron” (aunque sería mejor decir “me coloqué) el “Vivir Para Siempre” y no pude dejar de leerlo, aprendí del paraíso perdido y del paraíso recobrado, de satanás y de Jesús ente individual, De Jehová, de los 7 tiempos (con calculadora en mano), y de la “madre organización”.

Creo que abordaré en otra ocasión el Cómo sufrí control mental (es decir explicar claramente el método de control mental que usa herramientas tremendamente efectivas, lo que transforma a esta secta en una agrupación muy peligrosa, para el desarrollo de las personas), el caso es que mi personalidad, intereses, metas, gustos y métodos, mutaron radicalmente, hasta convertirme en un clon wachtowero.

Aunque yo lo notaba un poco y mi familia y amigos se alarmaron, de antemano ya había recibido estratégicamente la doctrina de “la nueva personalidad” que desecha la “vieja personalidad” mundana. Así las cosas los demás reaccionaban de mala forma ante mis cambios porque, Satanás los ponía en mi contra, o porque ellos eran tan inmorales que mi conducta les hacía concientes de sus pecados. (yo no seguía corriendo hacia el bajo sumidero de disolución y por eso ellos estaban perplejos, furiosos, hablando injuriosamente de mí)

Abreviando me transformé en estudio modelo, comentador atalayado, predicador matinal, vermut y vespertino, deseoso de compartir “la verdad” con todo el mundo. Mi padre y mi madre sufrieron por mi detención de proyectos académicos. Ellos extremadamente tolerantes no podían entender cómo cambiaba mis modos de ser de manera dramática.

Recuerdo un día especial de asamblea en que la gran expectación era la visita de un “ungido” un “glorioso” un “miembro del cuerpo gobernante”.

Cómo si fuera el mismo apóstol Pablo reencarnado, unos amigos y yo le escuchamos con atención el discurso “¿Tendrán que hablar las piedras?”, del cual yo tomé apuntes pues usaba un traductor que daba tiempo para escribir. Yo le rogué a Jehová que me permitiese saludar a uno de sus hijos (ellos son los hijos de Dios, los hermanos de Cristo). Con mucho trabajo, me abrí paso por entre la muchedumbre y vi  al anciano Milton Henschel, rodeado de sus acólitos, betelitas de Santiago que intentaban separar a la gente como lo hacen quienes cuidan a las celebridades. Le estreché la mano y la sostuve por algunos segundos, él sonreía y aparentemente disfrutaba  o no se molestaba del “cariño”, las fotos y la algarabía (¿idolatría?) de los hermanos. Analizo mi comportamiento y ¿cómo explicar que para mí fue como si parte del espíritu de Dios hubiese salido de la mano del alto hermano Henschel y Jehová mismo me capacitaba para obras mayores? Todos lo vitoreaban y aclamaban y querían tocarlo, para mí era lo lógico, un rey eterno llegaba al estadio Santa Laura.  Para un observador cualquiera era adoración de criaturas. (Ahora sólo haría tal esfuerzo para  saludar a Miguel Bosé)  

Ese momento fue para mi muy “importante” pues era la primera vez que yo veía a tantos TJ juntos. Pensé…”este movimiento no es el de unos pocos”. El ver personas de distinto pelaje social, y jóvenes muy atractivas, me atrajo mucho. Todos bonitos, arregladitos, limpiecitos…algo ideal. (Eso pasa por no reconocer que nuestra sociedad ha perdido-en realidad, desconozco si alguna vez ha tenido- la característica  gregaria de unirse masivamente en familia por motivos idealistas o simplemente lúdicos, se han perdido muchos espacios públicos por lo mismo y las autoridades políticas reconocen la importancia de motivar las expresiones de afecto por el grupo nacional.

Puede verse que cuando se gatillan esas necesidades, pueden canalizarse las masas dispuestas a  dejar la soledad y la desconfianza auto-referente para conducir al cumplimiento de metas comunes. Estas conductas sociales, surgen cuando se les da a las masas un sentido de identidad, que otorga la sensación de pertenencia a un grupo. Esta actitud en Chile está claramente demostrada cuando surgen catástrofes naturales, o para tiempo de Teletón, o cuando juega la selección para el mundial, o para el año nuevo. Surge el deseo de que todos nos uniéramos por siempre, un “sentido navideño” e las cosas, todos felices, todos contentos. Pero la sociedad está compuesta por individuos que naturalmente tienen necesidades diferentes.

La máxima aspiración de un grupo que desea controlar a las masas, bien por un sentido paternalista o para formar el grupo de clientes perfectos, es estandarizar las necesidades de las personas…algo que las sectas hacen de manera magistral, pero bueno…eso es harina de otro costal)

Llegué a bautizarme casi en 5 meses y así adopté con celo el gran conjunto de ideas wathtowerianas.

Dejar de celebrar cumpleaños, santos, navidades, fiestas patrias o cualquier actividad social con familiares “mundanos” fue un asunto que repercutió hondo en mi casa. Recuerdo cómo mi primer año nuevo watchtowero, amargué a todos en mi casa, pues no tuve la decencia de salir al abrazo de las 12 ni a la cena, encerrado en mi habitación. Sufriendo en mi interior, entregaba tal sacrificio a Jehová. Él era el único que podía entender que mi acción de hacer sufrir a mi familia con un comportamiento tan extravagante, era con un buen propósito, con el fin de hacerles comprender que actividades para mí tan queridas, debían ser dejadas de lado por un llamamiento superior de servicio a Dios. Cosa que quizás haría de ellos merecedores como yo del favor divino. Me molesté mucho cuando la familia testigo que me “adoptó” (pues yo era un “huérfano espiritual”) me dijo que yo debí haber sido más flexible. Ellos estaban al tanto de mis determinaciones y en más de una ocasión fueron ellos quienes me instruyeron en lo que debía yo hacer. (Es fácil decirle a una anciana africana con un fusil apuntándole a la cara: “no firmes el certificado del partido político”, cuando estás en un sillón mullido en Brooklyn). Ahora cuando les mencioné mis dificultades suavizaron su postura, pero el daño ya estaba hecho, y por siempre lamenté que los prejuicios bien fundados que mi familia podía tener acerca de mi nueva religión no eran sólo sospechas razonables. (agradezco que nadie en mi casa se dejó seducir)

Ese fin de año, año de mi primera gran asamblea: “Confianza de Jehová” (En ese entonces las asambleas se realizaban en estadios alquilados en los primeros meses del año), había una porción en el programa que incluía las experiencias de “jóvenes espirituales que no querían trabajar para el mundo de Satanás y rechazaban las presiones de aceptar carreras mundanas en la universidad”. Esto caló hondo en mi impresión como joven estudio que tomaba notas de cada discurso.

Se dio énfasis a “la carrera del futuro”, el precursorado regular o la carrera de betelita.

Esas “carreras” eran completamente acordes con la madurez cristiana que integraba como forma de vida la certeza de lo inminente del fin y Armagedón, el día de furia contra el mundo inicuo de Satanás.

Yo deseaba con mi alma ser precursor regular y servir a Jehová con toda mi vida y recursos.

Acercábase el tiempo para los exámenes de admisión y en pleno ejercicio de los controles, respondí mal deliberadamente a muchas preguntas. Con todo me dolía profundamente responder mal, cosas que yo sabía.

Llegó el tiempo de resultados y a pesar de mis fraudes, “califiqué” para ingresar a mi carrera favorita Agronomía, sólo que no en una universidad de Santiago sino fuera de Santiago en el Sur de Chile, a la hermosa ciudad de Valdivia en la prestigiosa Universidad Austral de Chile.

Desilusionado pues debía ir de todas maneras a la universidad y con un conflicto enorme, mis felices padres y hermanos me fueron a dejar al tren que me llevaría a la casa de un hermano TJ que me daría alojamiento y “compañía espiritual”.

 Me acompañó otro hermano, uno “desinteresado en ganancia material”, que  recibió sin que yo supiera, de mi padre dinero para ida y vuelta del pasaje, alojamiento y estadía, (de más está decir que no gastamos nada pues me llevó a casa de sus testigos conocidos que de antemano él sabía no le cobrarían nada). En el sur me acerqué a las familias “más espirituales” que guardaban relación estrecha con las familias más pobres y por lo tanto de educación limitada (Esta correlación no es culpa mía, es producto de la distribución de recursos de economía) Es obvio que la influencia atalayesca, la limitada visión de mis hospederos y mi propio convencimiento, fueron el caldo de cultivo que me impidió desarrollar métodos de estudio y disciplina acorde a la exigencia del nivel universitario.

Al ir a reuniones, era común el escuchar comentarios peyorativos respecto de la educación superior. Se establecía que quienes aprobaban estudios de esta índole, manifestaban un claro sentido de relajo espiritual, al posponer tácitamente un fin que se presumía inminente. Yo, deseoso de servir a Dios de la mejor manera, interpretaba en estos comentarios emanados de los hombres espirituales, en forma de discursos o respuestas, y expresados claramente en las publicaciones de la wachtaguer que mi situación no era compatible con la posición deseable para un “cristiano maduro”. A menudo me enfrentaba a conflictos cuando ocasionalmente desde mi ventana veía a los precursores predicar, mientras yo estudiaba matemáticas. Mi distracción la proyecté hasta la universidad, cuando en clases me preguntaba si en vez de estar “perdiendo el tiempo” escuchando la cátedra, no sería mejor usar mi juventud para honrar a Jehová.  En síntesis afronté serias dificultades para comprender las asignaturas del primer semestre, y naturalmente desarrollé un curso de colisión pues mis resultados académicos eran francamente malos. Con todo llegué a sentirme feliz y vi estos resultados como “la voluntad de Jehová”, dando irresponsablemente el crédito de mi ineficacia al supuesto deseo del creador de hacer de mí, un “vaso escogido” para las naciones. 

Un buen día informé a los ancianos que me regresaba  a casa para ser precursor y ellos con alegría exultante felicitaron mi decisión y enarbolaron mi ejemplo como digno de ser imitado por jóvenes espirituales. En esos momentos yo estaba convencido que estaba haciendo  la voluntad de Dios.

El trato de mis padres fue misericordioso, pero igual ellos sufrían. Para soportar tal incomodidad, me convencí que deseaban mi progreso material, sólo para que fuera el seguro de una vejez sin problemas a costa de mis sueldos. Creencia que sirvió para mitigar el dolor que me causaba hacerlos sufrir, con esto yo les atribuía malos motivos….¡A mis padres, que han dado todo por mí¡.

Yo por mi parte reconocía la gran inversión, o puesto en otros términos, la gran apuesta que había hecho. Dejar la universidad me ponía en clara condición desmejorada y ante esto, la actitud consecuente era trabajar por las metas que había considerado más dignas que mi adelantamiento personal. ¿No había hablado Jehová mediante una Atalaya el tema “Jóvenes que van a hacer con su vida?” usando el texto base. “Y murió para que los que viven, no vivan ya para sí, sino para el que murió por ellos y fue levantado”.  Entonces  yo no estaba para responder las atenciones mundanas,  debía ser precursor, y con alegría me hice pastor, apóstol a las naciones, profeta de Dios, vocero de Jehová llevando el mensaje impreso de las “colas de caballos” de jinetes de caballería apocalípticos. Compañero de los hermanos de Cristo, los hijos de Dios, los verdaderos Testigos de Jehová (ya que el nombre sólo nos aplica por extensión misericordiosa), acólito de ancianos y superintendentes de circuito, objeto del deseo de las precursoras jóvenes, (según yo) pero estando yo mismo a una altura excelsa. Esta posición ensalzada me hizo sentir que Dios se interesaba particularmente en mí. Pero en vez de contribuir esto a hacer de mí una persona humilde, me transformó en  un tipo insoportable, pagado de su propia justicia. Un santo varón que mortificaba su carne y sentidos en busca de la virtud espiritual, en la búsqueda de seguir la esencia de Cristo siguiendo métodos prefabricados desde un barrio en decadencia de Nueva York.

En las reuniones, cada comentario mío iba adornado del texto griego o hebreo, (descontextualizado obviamente y aunque yo no sé ni papa de griego) comparado con tal o cual versión de las escrituras y consultando fielmente las Atalayas y el Libro AID (libro hecho por un apóstata!!!! Que se quería hacer millonario con los derechos de autor, según me contaron)  Había de escoger bien las asociaciones, las malas “echan a perder los hábitos útiles”, incluso dentro de la congregación.

De tal forma que los que calificaban para ser mis amigos no sólo debían estar bautizados sino que debían estar manifestando una entrega sobresaliente de su tiempo al “servicio sagrado”, así me rodeé de precursores regulares o especiales, ancianos, siervos ministeriales y betelitas.

 El contacto con las  hermanas lo mantenía al mínimo…. Eran sólo bellas personitas inferiores a las que, sólo les alcanza  la inteligencia para predicar y nada más. Como tenía tan alto concepto de mí mismo, creía sin dudar que las jóvenes se cortaban las venas por una de mis miradas de aprobación.  Mi futura esposa sería esposa de un superintendente de Circuito, así que yo escogía a qué joven prestaba o no, atención, obviamente las más atractivas y de estupenda figura. (las mujeres espirituales sabrían escogerme si yo las pretendía, si no… no eran espirituales- si sale cara gano, si cruz tiro de nuevo)

Era el presidente del “club de Tobby” y había edificado un falso sentido de seguridad y de cualidades cristianas.

En ese entonces creía sin lugar a la más mínima duda que yo era humilde y puro y justo y buen cristiano. Que todos los demás testigos que no seguían las “sugerencias”  de la watchtower, eran cristianos de imitación que en el día de Armagedón, serían destruidos por la negligencia de mantener oculta su lámpara en el cesto de medir. Y que la demás “gente”, “la gente”, ”los de afuera”, “los mundanos” (incluida mi familia por supuesto) debían ser salvos por nuestra predicación “cosista” (debes hacer “cosas” para salvarte). ¿Cómo Dios no va a hacer diferencia de quienes salimos a predicar todos los días, sacrificamos estudios, estudiamos la Atalaya, comentamos en las reuniones después de prepararnos, leemos el estudio de libro, el texto del día, el ministerio y damos contribuciones (hoy “aportes”), no fornicamos, no mentimos, no nos emborrachamos, no fumamos? “Te agradezco padre de no ser como este recaudador de impuestos” Eso me pasaba a mi. Creía ser un joven especialmente bendito.

Al llegar a este punto debo reflexionar en la razón de mis actitudes de superioridad.

Nunca hubo el más mínimo atisbo de reproche ante mi forma de ser. Lo único que oía y percibía eran comentarios positivos (como los que yo creía que generaba Timoteo en su juventud), era a mí a quien sacaban a dar presentaciones y experiencias. Era a mí a quien las hermanas mayores invitaban a cenar para presentarme a sus hijas. A mí me llegaban invitaciones para asistir a reuniones sociales los fines de semana. Era yo quien contaba con la confianza de los ancianos y superintendentes de circuito, era yo el que siendo nombrado siervo ministerial a los 19 años, de una congregación de 180 publicadores, era utilizado como ayudante de la escuela teocrática y cuentas siendo puesto más alto que los otros siervos ministeriales de más edad y tradición wachtowera… entonces yo no podía estar equivocado. Yo hacía las cosas por Jehová y Jehová me retribuía con el honor que ostentaba.  

Mis padres dolidos y muy preocupados, veían cómo mi juventud pasaba y yo no había adquirido ninguna destreza para ganarme el sustento, pues pensando que con  asear mi habitación, cuidar el jardín, ayudar en las compras, reparaciones y mantención de mi casa, o uno que otro trabajillo servil, como “sanguchero” en una fuente de soda picante, o haciendo encuestas, o llenando números en libros de contabilidad, o manejando una central telefónica, cumplía con la norma “el que no trabaja no coma”, y así,  no me preocupé de estudiar. Los cálculos del libro “Vivir para siempre”, indicaban que la generación que había visto los acontecimientos de 1914, no pasaría y en vista de esto faltaba tan poco para el fin, estaba “a las puertas”, “a la vuelta de la esquina”, “era inminente”, que ¿para que preocuparme?,  nunca  habría de envejecer.  Mis padres no se dejaron impresionar por mis despliegues de erudición watchtoweriana y me obligaron a asistir a un instituto profesional que me capacitaría en mecánica automotriz. Aunque detesto mancharme las manos con aceite y el frío de los metales y los golpes en los nudillos con los fierros, opté por este oficio e hice mi mejor esfuerzo pues este empleo (del cual no tengo nada malo que decir), me capacitaría para viajar a lugares extremos donde mi servicio a Dios fuese útil.

Nuevamente viajé al Sur, con muy poco dinero y confiando en Jehová.

 Meses antes, la correspondencia mantenida con un hermano que tenía un tallercito mecánico (en el cual yo trabajaría) y que me ofrecía alojamiento me permitieron ir al Sur.

Aquí ocurrió un hecho que evidencia cómo un mismo acontecimiento puede ser evaluado de maneras diferentes según la tradición cultural y el prisma individual de las personas.

Partiendo de la premisa del Salmo: “Un joven era yo y ya he envejecido, pero no he visto nunca a un justo dejado enteramente ni a su prole buscando pan” y del evangelio “Sigan pues buscando el reino y su justicia, pues todas las cosas les serán añadidas”, yo razonaba:  a)Tengo mis estudios de mecánica, b)Tengo la posibilidad de trabajar en un taller, c)Voy a ir a un “lugar de necesidad”, d)Jehová me bendecirá, e)Hay que resistir lo malo que ocurra pues el desánimo viene del Diablo.

Una amiga precursora que se había trasladado a la sexta región, (para los extranjeros, una zona al Sur de Santiago, pero relativamente próxima, 300-400Km), que estaba pasando pellejerías, pero aguantando estoicamente y por lo visto conforme con su producción de estudios bíblicos, me aconsejó que me fijara una fecha de partida definida. Yo me fijé una fecha de Mayo?. Y empecé a juntar ropa y cosas así. Le pedí plata a mi mamá, que no quería que me fuera (pobre vieja, le he sacado canas verdes) y los hermanos del Salón me dieron una pequeña suma.

Yo con la plata en el bolsillo me sentía razonablemente seguro, pero al ir el día del viaje a la estación, me doy cuenta de haber extraviado TODO mi dinero (no sé si me robaron o se me cayó desde el bolsillo de una chaqueta, que sí me robaron en un salón de asambleas unos 8 años después). Le atribuí el problema al Diablo y no a mi estupidez (pobre Diablo). “Satanás no me impedirá servirle a Dios” pensaba yo. Jehová me ayudaría en la misión. Mi mamá intercedió por mí para que el hombre de los boletos, me dejara abordar el bus y con su mediación hube de pagar una fracción del pasaje original, pues en mi billetera, estaba el pasaje que también había extraviado. La plata la juntaron dos queridas amigas (una de ellas es prácticamente mi hermana, la otra ya no me habla porque no salgo a predicar el reino de Brooklyn) que estaban allí para despedirse. Mi papá no fue a despedirse, porque estaba molesto y además estaba resfriado. En Osorno, a unos 1000Km de Santiago, me dejó botado el bus pues me quedé en el baño de la estación, pero un automovilista amable me ayudó. (Cuando alcancé a ver el bus, varios Km más adelante, en vez de darle las gracias a él dirigí mis agradecimientos a los cumulus nimbus). En Puerto Montt,  unas dos horas al Sur, la persona que me iba a estar esperando, no estaba en la estación y yo estaba sólo, a más de 1100 Km de distancia de mi casa, en un lugar absolutamente desconocido y sin dinero en los bolsillos. Mi cara desesperada captó la atención de un lugareño, quien amablemente, como es la gente del Sur, me ayudó a ubicar la dirección que tenía anotada en un papel.  Los hermanos que servían de contacto para llevar fueron muy amorosos, y trabé una linda amistad con la familia, especialmente con el hijo mayor. Ellos me prestaron dinero para pagar el pasaje de viaje desde Pto Montt al lugar definitivo y para la noche del día siguiente a mi partida, ya estaba en una cómoda cama de una sencilla casita, sorprendido de haber llegado sano y salvo. Los detalles son sabrosos, pero harían el relato más extenso de lo que ya es.

Con esta odisea, nueva para mí me confirmó que Dios estaba de mi parte, frustrando todos los intentos del Diablo para detenerme en mi “cruzada”.

Ahora con los años de experiencia, me doy cuenta de mi irresponsabilidad idealista.

La manera de atribuir a entes etéreos mis fracasos y yerros, me impidió asumir la responsabilidad por los mismos y no apreciar en su justa medida la ayuda que personas desconocidas me brindaron desinteresadamente. En ese entonces yo sólo podía atribuir la amabilidad de los “mundanos” (intrínsecamente pecadores apartados de Dios), a la intervención del espíritu santo, no a alguna virtud inherente a ellos, por lo cual cuando fui objeto de atenciones amorosas, no me sorprendía demasiado, era para mi sólo el justo pago divino por mis esfuerzos (esfuerzos irresponsables)

Llegué a una zona aislada wachtoweramente en pleno Invierno, con mucho frío y lluvia. Me agarré un resfrío tremendo y me puse a parasitar de la bondad de mi amigo-hermano. El vivía con su mujer TJ, y sus tres niñitos. La casa era una vieja casona, cuya planta baja estaba habitada por esta familia, y la parte superior, el segundo piso,  estaba desocupado. Ahí me instalé y viví feliz, con mis poquísimas pertenencias y creyendo que mi ínfimo aporte a la producción del taller de mi amigo, bastaba para decir que estaba “trabajando”  y tener el argumento para justificar el costo que ocasionaba a una familia pobre. En verdad yo era muy descarado. Pensaba que en vista de la importancia de la predicación yo “trabajaba” predicando (pensando que en la práctica hacía lo mismo que los precursores que recibían una mesada de Betel) y por lo tanto, ya cumplía con mi aporte, al estar en las mañanas haciendo acto de presencia en el tallercito de mi amigo en las mañanas, que no era “TODA” la mañana. Sino que cerca de las 10 de la mañana se abría el local (el ritmo de trabajo en el Sur es muy lento comparado con el frenesí de Santiago) y lo usual era que los trabajos llegaran después de la 1 PM. En rigor yo era “un bolsero”, generaba muy poco ingreso y básicamente vivía de una pequeña ayuda de mi papá que se transformo en mi mente en mi “mesada”  de Betel, (es notable que cuando un “mundano” o ser humano no bautizado como testigo de WT, me hacía un favor, aún cuando fuese miembro de mi familia que naturalmente actuaba por amor a mí, yo restaba importancia al asunto convencido de que era Jehová quien me daba ese favor- o sea, no que el “mundano” tuviera buen corazón o amabilidad o desprendimiento genuino o amor cristiano o humanidad (eso significaba atribuir buenos motivos a “mundanos enemigos de la “verdad”, cosa para mí inadmisible, pues el peor testigo es mejor que el mejor mundano), sino que el espíritu santo obraba en el corazón del “mundano” para actuar favorablemente para un “siervo suyo” en una operación que yo imaginaba casi como un trance hipnótico. (Son numerosas las experiencias de Tj que reciben favores de “mundanos”, o hermanos bienintencionados y se le da el crédito a Dios, como el caso de dos precursoras que predicaron bajo la lluvia toda la tarde-en realidad yo creo que llovió toda la tarde, y que ellas se lo pasaron calientitas disfrutando del calor de las estufas a leña de sus estudios leyendo los manuales de adoctrinamiento-entonces habían comentado entre ellas a solas mientras caminaban de vuelta a su casa bajo la lluvia…”¿Te imaginas comer pancito amasado calientito?-Uyyy, Sí y con mermelada de murra (mora) y una taza de leche con café. Sí que sería rico, y en la casa sólo tenemos té y no alcancé a comprar pan. Bueno vayamos  a casa. -¿Qué te parece si antes  vamos a hacer una revisita?. –Bueno vayamos.” Cuando llegaron a casa, la señora dueña de casa, las recibió amablemente, como es característico en los sureños y les ofreció pan recién horneado, con varios tipos de mermelada, leche y café. Ellas comentaban mientras yo les escuchaba boquiabierto. “Entonces nos miramos en silencio y comprendimos que Jehová escuchó nuestra conversación y nos dio la “once” que habíamos deseado. Sí yo oré en silencio mientras rodaba una lágrima por mi mejilla.”-dijo la otra.

Pienso ahora. ¿es que hubo la intervención de potestades celestes en el asunto?, ¿cabe la posibilidad que:

en tiempo de invierno, en hora de la cena, en una zona donde lo común es hornear el pan pues no hay muchas panaderías, en donde la “murra” o mora es el fruto de una enredadera que crece como maleza en toda zona donde no se controla su expansión y es una costumbre general hacer mermeladas de este fruto para guardarlos para el consumo de invierno, en donde la leche es un bien de bajo valor pues la X región es productora de este recurso y existe una sobreoferta para el consumo local…

,lo más extraordinario de la cena era el café que viene de Colombia y es envasado en Chile por la Nestlé, y la visita de dos señoras con los pies empapados?

 Comentarios como estos animaban mi “way of life” cuando apenas me alcanzaba para los pasajes de transporte y alguna mercadería para la casa. Yo vivía en un mundo de fantasía, pensando que lo que hacía era la actividad más importante del mundo, y comencé a disfrutar del cuidado de los hermanos con recursos de Pto Montt y de Santiago que me obsequiaban ropa usada y zapatos y obviamente, “pegando en la pera” a los estudios en territorio rural a los que llegaba a visitar estratégicamente a la hora del té en las tardes.

Para el mismo tiempo, una pareja de ancianos jóvenes, graduados de la Escuela de Entrenamiento Ministerial llegó al grupo. Con todo el entusiasmo de ellos e instrucción, el bajo número de hermanos y la calma, la vida era miel sobre hojuelas.

Recibí emocionado la invitación a”La escuela de servicio de precursor” y “me lo estudié y comenté todo”.

Los problemas empezaron cuando pasados dos años, dos jóvenes muy bellas empezaron a crecer. ¿Dónde encontrar compañía para ellas? Debían ser ejemplares, señoritas y cristianas, alejadas del mundo. Sin posibilidades de estrechar lazos con compañeros de colegio, no pudieron soportar la presión de estar solas y una de ellas la más tranquila y bonita, se embarazó y la otra se casó con un “mundano”. (No te preocupes, he sabido que ambas están bien)

Una precursora de otra zona llegó al grupo persiguiendo a uno de los  ancianos y eso hubo de tener consecuencias para mi. Como este hermano no se decidía a declararle su interés por ella como esposa, esta hermana empezó a realizar actividades de predicación y revisitas conmigo de tal forma de provocar celos en este anciano. Su plan funcionó. Un día movido no sé por qué, quizás el ambiente romántico, la belleza del sur, la brisa fresca o la puesta del Sol, ella me dijo “te quiero”. Yo no sé porqué le dije que también y plaff!!!. No, no nos besamos ni nada. (recuerda que yo era el tj modelo), pero mi declaración constituía una “firma” ante notario. Recuerdo que a partir de entonces salíamos regularmente al servicio y a los estudios y no ocultábamos este hecho. Pero yo quería ir a la escuela de entrenamiento ministerial y para eso debía estar soltero y sin compromisos. Entonces sufría un conflicto interno entre esta relación y mis metas. El anciano objeto del deseo interno de esta precursora, reaccionó. Fue mucho más evidente la molestia de su compañero que había llegado a ser un entrañable hermano para él. Y así, por mi parte hube de aguantar el resultado de los celos de este hermano, que ejercía como superpresidente.

Para paliar un poco la situación acepté la visita de una pareja de precursores que predicaban en una pequeña lancha en las islas al frente de Puerto Montt (donde la cordillera de la costa empieza a desmembrarse), nunca he visto lugares tan bellos.

Comentario útil de decir es que en estas islas la recepción era curiosamente…pésima.

Yo que estaba acostumbrado a una buena recepción, en donde el amo de casa nos hacía pasar, reunía a toda la familia en torno a una mesa servida de comida y conversaba con nosotros que nos comportábamos con la actitud paternalista de Tj de costumbre, dando cátedra de temas de “Despertad” y enseñando temas básicos con manzanitas, me sorprendió que en la isla, la gente nos echara los perros (literalmente), o no nos recibiera la literatura o nos dijera insolencias. La razón: la amable gente de la isla los recibía muy bien cuando llegaron. Se conducían muchos estudios y se colocaba la literatura. Un día alguien sufrió una emergencia médica- o debía ir a control médico, o había una parturienta, no me acuerdo bien lo que se me dijo-el caso es que hacía imperioso conducirla de inmediato a un centro médico. Los lugareños pidieron a los precursores que ayudaran en el transporte con su lancha. El precursor más joven estaba muy dispuesto a cooperar, pero el precursor anciano, repitió maquinalmente la orden de la Sucursal Betel de PuenteAlto “la lancha SOLO debe ser usada para la predicación de la buenas nuevas del reino”¿del Brooklyn`s Kingdom?. La consecuencia: gracias a Dios una lancha de pescadores llegó a tiempo y se trasladó a esta persona, y desde ese momento NADIE más escuchó NADA. Hoy he sabido que la lancha de nombre “Kaukalén” que en idioma nativo significa “Motivo de gozo”, fue  vendida y la actividad en la zona cesó, esto yo lo supe no porque los precursores asignados me lo dijeran sino porque cuando volví a mi lugar uno de los precursores me explicó lo que para mí era incomprensible, en la isla los precursores marineros me dijeron que la razón de eso era porque habían muchos brujos, (y yo les crei ).

 El precursor más joven cayó en desgracia teocrática años después, no sé porque, pero a pesar de haber sido precursor especial en el  desértico Norte y en las selvas del Sur de Chile, fue despojado de sus privilegios y objeto de comentarios despectivos por personas de su congregación de origen que nada sabían de su abnegada entrega de años esforzados de vivir en condiciones climáticas y de soledad extremas, siempre soportando compañeros que asumían la hegemonía, acción  facilitada por la personalidad humilde de este joven luchador a toda prueba.

En el desierto soportó noches con temperaturas decenas de grados bajo el punto de congelación enterrando su saco de dormir en la arena, y en el Sur muchas noches en la Kaukalén luchó contra las marejadas, los vientos y noches de dormir con ropas empapadas, en estrechísimos camarotes de proa, bajo una quilla de fibra de vidrio.

Me daría pena contarle que su concepción de religión verdadera es falsa.

Que quede constancia de mi esfuerzo agotador de 3 semanas, en las cuales bajé 5 kilos, que fueron nada, comparado con este joven que experimentó quizás las asignaciones más difíciles del país sin ni siquiera cuestionar la orden de betel de Puente Alto.

 En estos lugares supe por la policía de la isla que mi madre se había comunicado con ellos para decirme que mi padre estaba en grave estado de salud.

Dejé el Sur amado. Bello y frugal.  Me despedí de mis queridos amigos y me trasladé nuevamente a Santiago. Me quedé en casa de mis padres, quienes habían comprado una casa en un territorio diferente a mi congregación de origen. Mis hermanos ya casados tenían su propia vida, y yo a los 25 no tenía ni trabajo, ni estudios ni nada. Aunque yo llegué al Sur desde Santiago, recomendado con trompetas angelicales, al momento de las recomendaciones para nombramientos, se me hacía esperar. Después pasó este problema de faldas y quedé “marcado” para el super-presidente, amigo entrañable del anciano objeto del acoso de esta hermana. (A pesar de todo, esta niña,”se la jugó” y se casó, y ahora viven felices como precursores especiales, y yo los quiero mucho a todos ellos- ya no existe el motivo de conflicto)

Me enteré que la carta de recomendación no fue una carta elogiosa, no puedo evitar concluir que el anciano presidente, en forma de desagravio para su amigo fue incapaz de mantener su imparcialidad. (debo decir acá nuevamente que yo los quiero mucho a todos, a la hermana y a estos dos ancianos. A la hermana “le resultó” y terminaron felices comiendo perdices, después que yo le dije que mis metas eran ir a la EEM)

 La carta de referencia al momento de mi traslado estuvo dirigida con cierta tendencia a destacar mi desorden y falta de previsión “seglar” (Curioso, yo no era “nada” para ser “alguien para Jehová”)

Esto predispuso a los ancianos de la nueva congregación donde llegué.

Imagínate el choque de personalidad mía (absurdamente confiado de mi eminencia espiritual) y ancianos de edad avanzada, acostumbrados a llevar una congregación según sus propias limitaciones. Yo rápidamente noté la falta de educación de estos hombres y cómo, por no estar al día con “el esclavo”, cometían muchas torpezas y faltas de procedimiento. No pude evitar encararlos por el maltrato que le dieron a una hermana y desde ahí quedé “marcado” nuevamente.

Mi padre que había estado muy grave, una vez me dijo casi susurrando. “ no te da pena haber fracasado en tu vida?” yo me perturbé mucho y le dije : “Papá porqué dice eso?, no soy yo un buen cristiano?, no soy acaso un buen hijo?, no fumo, no bebo, les ayudo en lo que puedo, no abuso de drogas”. Él sólo me miró y no dijo nada.

Días después fallecía en mis brazos.

Huérfano de padre, busqué trabajo en Santiago y encontré empleo como administrativo en una empresa de seguros (léase “goma”). Yo, que ya tenía experiencia administrativa en las congregaciones, no tuve mayores problemas para desempeñarme. Hasta agarré cariño a mi trabajo y a mis primeros sueldos (una fortuna para mí). Pero, se me invitó a la Escuela de Entrenamiento Ministerial y renuncié a pesar de los literalmente “ruegos” del gerente para que no los dejara en el período de mayor actividad. Nuevamente dejé una actividad muy apreciada por responder a la voz del Dios que me bendecía con sus privilegios.

 Sin considerar las protestas de mi mamá, me fui a Betel, donde durante 8 semanas, leímos, tratamos, conversamos y esbozamos, la cultura testigoide a un grado poco común, es decir, más en profundidad, intentando destacar que existía una coherencia absoluta en lo que uno de mis instructores (hoy miembro del comité de sucursal) llamaba: “los pilares estructurales de la verdad”.

Viví en Betel por 8 semanas y mis instructores me pronosticaron un brillante futuro en la organización por haber sido un alumno destacado en los comentarios, en las presentaciones y en las calificaciones. Vivía metido en la biblioteca de Betel y pude ver las graciosas ilustraciones de los libros de Russell y Rutherford (para mí, sólo curiosidades arqueológicas- todas estas publicaciones están disponibles en la pagina “La atalaya.org”)

Poseo un archivo completo de todos los temas tratados en la EEM, con todas las citas y asignaciones. Y te digo para que te dejes de especular, que TODO lo que se estudia, TODO, está en las publicaciones wachtoweras, así que cualquier tipo con el tiempo suficiente para regalar, con un PC y una impresora, tiene todo en la “Library”.

Se dá mucha importancia a los ministerios del reino, a los suplementos y al libro Organizados. Al llegar a la congregación, después de la graduación, “mis” ancianos, no me abordaron, no me “pescaron”,  debo decir que me desconcertó la actitud de indiferencia hacia mi persona. No me preguntaron nada, y ni les importó nada. Esto me dolió profundamente pues a mis compañeros de clase los recibieron con mucho cariño y expectación. Todos mis buenos deseos para compartir los métodos “edificantes” y teóricos de la organización, aquellas ideas que alivian la carga de las ovejas, quise plasmarlas en actividades para la congregación, pero sistemáticamente fui anulado, por las ansías de hegemonía de los gurús,  hasta que perdí toda motivación. En ese momento ocurrió un gran sacudón en “los pilares”. Tal como un Boeing en llamas estrellando al WTC, provocando un derrumbe en la Tower. La generación de 1914, a la que yo descontaba varios miles año tras año. Dejó mágicamente de ser lo que era. Yo me enojé con los hermanos “ungidos”, porque veía en esto un acomodo ante el hecho de que los viejos se les estaban muriendo y todavía no pasaba nada. Comenté irónicamente a un amigo “Mira ahora tu hija (un bebé de días) es parte de la generación”. A partir de esa fecha el término “la generación de 1914”, abundante hasta esos momentos en las publicaciones, dejó de utilizarse. Me dio miedo pensar que estaba pecando al poner en duda a los “gloriosos” y le pedí perdón a Jehová ocultando mi duda e inquietud en mi corazón y aprendiendo de memoria los nuevos fundamentos, que citaban de eruditos evangélicos,  católicos y hasta a un desconocido profesor de historia, como base científica para probar cierto lo que varios grupos religiosos han creído durante cientos de años y que nosotros combatíamos como falso.

Como yo seguía dedicándome al precursorado, comencé a tener asociación con una joven precursora muy dulce,  de la cual llegué a estar enamorado.

En ese entonces también comencé a frecuentar la casa de una mujer vieja de la congregación. Una mujer a quien su esposo dejó en la juventud, por irse con otra persona a quien quiso más. Esta mujer, es una erudita wachtoweriana, típica mujer carente de afecto, (o sea necesitada de favores masculinos), que lo busca sin más no poder, el tipo de viejas a las que es mejor tener de amiga. Con una influencia en el grupo de ancianos tremenda y a la cual se le acercan las personas de la congregación a pedirle consejo… la “pastora”. Es tan astuta que finge humildad aún siendo tan orgullosa como yo lo era. A menudo competíamos entre nosotros para dar el comentario más rebuscado, y yo me deleitaba en corregirla cuando se equivocaba.

Mi relación con mi joven amada era una relación furtiva. Yo, como graduado de la escuela de entrenamiento  ministerial, no podía ponerme de novio con nadie, por el requisito estúpido de estar sin compromiso al menos por dos años. Esta jovencita extremadamente sumisa, (la chica ideal para un TJ) aceptó con pena esperar a hacer pública nuestra relación y yo sabía que le dolía esconderla (debo decir que nunca nos tomamos ni las manos- antes de estar “de novios”). Pero la vieja bruja, (que en teoría de uno de los ancianos, se había fantaseado conmigo a causa de imaginar un paraíso inminente, donde ella sería joven de nuevo), comenzó desde temprano a influir en los padres de mi amada, para estorbar mi relación con ella, situación que me fue referida años después por la madre de la joven. Fueron muchos los sinsabores que sufrí a manos de su madre y padre (que no vienen al caso), pero esta situación me prendió una luz de alerta ante las reales condiciones de esta vieja. Un día se me aclaró todo.

Esta “señora”,  en el servicio del campo empezó a poner el tema de que Adán, había recibido a Eva porque era “ineficiente”, por lo tanto, el hombre, (el ser masculino), era ineficiente. Este hecho no pasaría de ser anecdótico si no tomamos en cuenta circunstancias especiales. Yo era el iluminado por los dioses en la congregación, pensaba además que existía preeminencia masculina en el orden teocrático, lo que exacerba el carácter machista de una sociedad eminentemente orientada a este pensar como la chilena. Además competía por la atención general con esta vieja y me estaba quitando protagonismo. Yo rebatí como pude su punto, pero siempre se transformaba en una discusión que yo perdía después de varios gritos. (Una verdadera estupidez- si hubiese tenido en ese entonces claro el significado de “eficiencia” sólo me hubiese reído). Un día cuando ambos estábamos de visita en la casa de un matrimonio joven, esta vieja sacó el tema nuevamente, y me sacó de quicio, yo le levanté la voz y ella de una manera que me desarmó completamente, se puso a reír con la boca abierta, emitiendo fuertes carcajadas.  De súbito noté la manipulación a la que me podía llevar sólo jugando, y recordé con estupor las innumerables veces a las que me enfrenté a los ancianos, motivado por el azuzamiento al que era sometido sistemáticamente. Durante unos cuatro años fui el caballito de guerra de esta vieja, que me quemaba a mí diciéndome lo que yo debía decir cuando me enfrentaba a los ancianos. Es de comprender que esta actitud de confrontación que desarrollé en múltiples conversaciones de espíritu crítico junto a ella por considerar  que los ancianos eran por decir lo menos, unos viejos ignorantes, me llevó a estar en un lugar muy desmejorado a ojos de ellos, mientras ella aún goza de una reputación de colaboradora intachable. Al grado que los ancianos le cuentan asuntos confidenciales que ella se encarga de trasmitir. (así me enteré de motivos de censuras y expulsiones, conflictos entre familias y luchas de poder entre ancianos, vidas pasadas de los miembros de la congregación y conductas cuestionables de algunos de estos como, celebraciones de cumpleaños disfrazadas, cenas de año nuevo camufladas, alcoholismo de un anciano, violencia intrafamiliar en otro, secuelas conductuales por causa de abusos deshonestos en contra de una precursora en su niñez a manos de un anciano prominente y otros pasteles)

A pesar de recibir puestos de responsabilidad cuando ya no les quedaban alternativas de nombramientos y llevar bien mis asignaciones, nunca recibí de parte de los ancianos estímulos o insinuaciones de un futuro nombramiento como anciano. El ver que yo no calificaba como anciano me hacía sentir que por alguna razón u otra yo no merecía el nombramiento desde Jehová. Pero mi desconcierto era profundo cuando veía a otras personas, más nuevas, menos experimentadas, y con falencias comparables a las mías ser nombradas sin objeción. Yo sabía que la opinión de los ancianos respecto a mí era dividida, y que el super-presidente era quien no quería que yo entrara al cuerpo de ancianos. Me separé de la mala influencia de esta vieja, y me dediqué a animar a un matrimonio joven. El esposo ha llegado  a ser (aún) mi mejor amigo.

Pasado un año mi amigo que en un principio era bastante apático para las cosas espirituales calificó con mi ayuda para ser siervo ministerial. Yo creía íntimamente que esta labor de ayuda sería notada por Jehová y que los ancianos cursarían mi recomendación para mi nombramiento, pero el haber  faltado a la conducción de algunas sesiones del estudio de libro que yo conducía, bastaron para que el hermano influyente esgrimiera esta razón como motivo inhabilitante.

Decidí entonces usar una franquicia de la escuela de entrenamiento ministerial y pensé en pedir mi traslado a la congregación que me había formado. Mi joven amada que para ese entonces ya era mi “novia”, tomó esto con mucha pena.

Nosotros habíamos mantenido una relación casta siempre, pero las intrigas de la vieja bruja, lograron que los padres de la niña siempre fueran suspicaces. Cuando yo la visitaba me ponían mala cara y no me sentía a gusto. Entonces era más cómodo y menos responsable para mí y ella, juntarnos en mi casa. Y como es natural, dos jóvenes sólos que se aman, se besarían… y nos besamos. Sí era habitual el besarnos y acariciarnos, de la manera más linda y pura que jamás había hecho. (No desearía explayarme en mis sensaciones y en lo que yo percibía en ella, pero baste decir que no hubo nada malo en ello).

Uno de los ancianos abordó entonces a esta niña y le preguntó directamente si entre ella y yo habían “expresiones de afecto apasionadas”, ella temerosamente les dijo que sí (demás está decir que estos hombres de mayor edad les hace falta la ayuda de irrigadores en los cuerpos esponjosos, pero por lo menos les funciona la mente)

Me indigné cuando un día los ancianos me informan que quieren hablar conmigo. Yo pensé que era para “encomiarme” (lindo verbo no?...¿qué significa?. Lo sabes tú? Siempre lo he escuchado conjugado en infinidad de contextos y tiempos verbales-  “Hermano lo encomio a que haga los informes, los encomiamos por la predicación, los encomiamos a que hoy se haga el aseo, quieres encomiar una pizza?, Bueno encomiame un momento, voy a encomiar mis cosas en el bolso. Ahora sí encomiemos hasta la pizzería. Cuantas pizzas te vas a encomiar?. MMMHH unas dos porque estoy encomiado de hambre. Quizás hoy me encomie una siesta después del almuerzo. Adiós hermano, adiós, Te encomio a que vayas hoy a reunión”),

Me trataron como si hubiera fornicado, me interrogaron con dureza y yo les respondí con dureza, me leyeron textos y trataron de sonsacarme sus verdades insinuando que la niña había confesado que entre yo y ella pasaban cosas impúdicas. Yo me hastié y les dije que me provocaba indignación el que nunca se hubiesen acercado a mí para darme estímulo o una palabra de aliento o alguna sugerencia y se apresuraban a tirarse en picada con una acusación sin fundamento. Me hastié y les dije que me iba de la congregación.

Estaba ansioso por saber que tipo de carta me enviarían y cometí un error que cambió el curso de mi vida. Cuando el secretario me pasó la carta de recomendación, entonces yo la abrí y leí consternado que era una carta descalificatoria no de mi nombramiento, pero sí de mi persona, se dedicaba un párrafo completo a mis deslices (no probados) con mi novia y sugería al cuerpo de ancianos que no me nombraran anciano, a pesar de mis despliegues de fidelidad testiguiana, que cual fórmula son las cosas que se espera de los testigos fieles: ir a reuniones sagradamente + predicar todos los días + hacer revisitas + dejar publicaciones + hacer buenas presentaciones y discursos + dar buenos comentarios + ayudar a algunos a alcanzar el bautismo etc,etc : Las “cosas” que hacen los TJ para ser salvos.

Cuando me despedí nadie me dijo nada, incluso dos ancianos se me acercaron para decirme que me habían dado una “buena carta, porque yo lo merecía”

Saber esto me provocó dolor de estómago pues era para mí muy doloroso aceptar que estas cosas pasaran en la verdadera congregación de Dios. Entonces como yo había dejado todo por seguir el precursorado, que ya no me daba ningún gozo, decidí aceptar la invitación, la última y desesperada invitación de mi querida mamá para ponerme a estudiar. Como yo había renunciado a la empresa de seguros y estaba cesante, me había dedicado a ayudarle a mi mamá en su pequeño almacén de venta de abarrotes y licores. Le pedí un sueldo y yo me mantendría como su asalariado. Ella entonces me dijo “¿porqué no te dedicas a estudiar y entonces te pago y te doy un salario o mesada?”.

Lo pensé y me pareció una oferta redonda, estupenda. Imagínate, estudiar gratis y con mesada!!! (Aunque lo de la mesada, fue sólo una treta de mi mamá).

 Lo acepté y con sentimientos encontrados por traicionar mis principios. Me preparé para entrar a la universidad y me matriculé en una de las más exigentes de mi país. La Pontificia Universidad Católica de Chile  a estudiar Agronomía nuevamente.

Aunque a esas alturas ya tenía certezas acerca de la relatividad de la aplicación de las normas en cada congregación dependiendo de la cultura del Superintendente presidente (que se echa al bolsillo las opiniones de todos los demás), y de que ya había establecido que Yo no tenía problemas de conciencia por estudiar en la prestigiosa “Católica”, de todas formas hablé con el presidente del comité de Sucursal de Chile, y me manejé tan bien que el señor este me dijo: “Bueno considerándolo todo el estudiar en esta universidad no hace de ti un cristiano inmaturo”…Dios había hablado, y de ahí en adelante les decía a mis detractores con una mordaz sonrisa en la cara, “En Betel me autorizaron sin problema”, y asunto arreglado.

  Mi empezar desde cero para  tratar nuevamente de conseguir mi nombramiento de anciano, la carga de saber que ancianos no habían sido leales conmigo,  mis esfuerzos estudiantiles  infructuosos para levantar resultados académicos penosos, me llevaron a depresión. (en mi nueva congregación confesé haber abierto el sobre y ellos fueron indulgentes)

Me deprimí y mi reacción fue desgano de ir a reuniones. Me enfrenté nuevamente a la decisión de seguir siendo precursor  o estudiar en la universidad. Opté dolorosamente por dejar una actividad  querida por 10 años.

¿Cómo reaccionaron los hermanos?. Experimenté el dolor de sentir el rechazo, de mis antiguos camaradas. El alejamiento de una persona de las “filas de precursores”, provoca a menudo la estampida de quienes están en “la primera línea de batalla contra Satanás”. Ya no conté con comentarios auspiciosos, ya no era un “cristiano ejemplar”. Aunque seguí siendo siervo ministerial, no me sentía pleno y me lo hacían notar.

 Mi autosuficiencia interior me llevó a no contar mis problemas a mi novia y me envolví en mí mismo. Así sin amigos hermanos como fuente de consuelo y siendo “autista social” como todos los testigos, mi salud emocional cayó a sus más bajos estados.

A pesar de sus esfuerzos nuestra relación no dio para más. Producto de mi incomunicación, y término de atención ella decidió terminar conmigo.  La vieja ya mentada, se encargó además de oficiar de cupido violinista y le zampó a un ex amigo mío que “le echaba los perros” (como dicen en México). A mí no me dolió en demasía en ese momento, pero después me provocó un amargo dolor.

A duras penas sobreviví mi primer año de universidad y en una forma de redimirme, me postulé como ayudante de verano en la construcción del salón de asambleas de “El trébol” en Santiago, para ayudar en el desarrollo de los jardines y el tendido del riego, aprovechando mis conocimientos de Agronomía. (Salón recientemente “dedicado” en un rito oficiado por un “ungido” del  CG: Guert Losh o algo así)

Conocí jóvenes muy trabajadores y otros que eran unos holgazanes, personas de hermoso corazón y otros que vivían de apariencias de espiritualidad. Ví  ancianos incompetentes y ancianos prominentes, tipos pensadores y autocríticos de nuestras falencias organizacionales y otros tipos castrados mentalmente, prototipos clónicos de tj-modelo.

En este lugar tuve la gran bendición de encontrar a quien ha resultado ser mi mejor amiga, mi crítica, mi cómplice y mi compañera, mi socia y mi bellísima joven amada. Estando en la élite testiguiana, la conocí cuando era “solo” una joven estudiante (Estudio: dícese de aquella persona de segunda clase que no califica todavía para ser llamada cristiana porque no se bautiza todavía, aunque asiste a todas las reuniones y está más convencida que los testigos veteranos).

Ya me había referido al vacío que experimenté de mis antiguos compañeros precursores, pero me referiré a como volví a estar en la punta de la pirámide.

 Era el principio del milenio cuando me decidí a ocupar uno de los veranos en la construcción del salón de Asambleas con capacidad para 12000 personas, nuevamente volví a estar en la boca de labios aduladores. Como debí trasladarme a una congregación cercana al lugar de construcción, y llevar la chapa de voluntario de la construcción, me hice una muy buena imagen. El título o nombramiento de los voluntarios de la construcción es ridículamente  irrisorio: “miembro de la orden religiosa especial de tiempo completo”, o algo así (las implicancias legales para tal denominación no son en absoluto motivadas por un sonido rimbombante, sino que responden a decisiones de estrategia administrativa diseñada desde Brooklyn, ve el tema de Lucas o “Ave fénix” en su página La torre de Marfil). Debido a que mi interés ya no era en absoluto hacer méritos para ser anciano transando con mis convicciones de dignidad, mantuve un bajo perfil y no hice mención alguna de mi currículo de servicio y cursos. Como en el área de la construcción  es inevitable terminar sucio tras la jornada, yo me veía como un recién llegado. A menudo los “jefes” de departamento, más jóvenes y novatos que yo, me trataban con poca amabilidad (aunque no sólo a mí, sino a todos sus subordinados), era sólo una relación patrón-empleado. Fue inevitable que supervisores de Betel y visitantes precursores y ancianos prominentes a menudo me reconocieran trabajando en las faenas cuando ellos hacían tours guiados, y de esa forma llegó a conocerse que yo era un “graduado de la EEM”. Entonces pasé de uno del montón a uno con reconocimiento. Yo como había quedado tan hastiado del manejo del poder y las intrigas de palacio para llegar a puestos más altos dejé de preocuparme por escalar posición y francamente lo saqué de mi vida.

Pero me molestaba que tipos flojos que eran santurrones insoportables, que al mismo tiempo se masturbaban en las noches (cosa que yo encuentro ahora de lo más normal, pero que es un pecado serio en la comunidad testigoide), que vivían como en un estrato superior por su santidad, y que sólo haciendo uso de las influencias familiares, lograran el reconocimiento de los supervisores en forma de investiduras de responsabilidad sobre cuadrillas de hombres de trabajo duro. Aunque estos tipos eran aislados y secretamente despreciados por los demás yo no entendía porqué Jehová manejaba así las cosas (ahora lo tengo muy claro). Una vez uno de estos individuos me reconoció su verdad,  “yo sé que ustedes no me quieren, pero no me importa, lo que me importa es que los encargados de las recomendaciones y los ancianos me califiquen bien”.

Esta es la actitud de aparentar de miles y miles de tj, incluidos ancianos en punto de no retorno, que creen que basta con servir al hombre, que van a reuniones aunque les molesta y les aburre, que salen al servicio del campo, no porque les guste hablar con las personas de la comunidad y dar ayuda desinteresada sino porque es importante para acceder a un nombramiento o en última instancia para mitigar el terror ante la inminente ira de Dios en el marqueteado Armagedón. Que viven sus vidas en un modelo prefabricado carente de un mínimo de amor sincero por el prójimo, pues ven al resto de los congéneres desde la señora Juanita hasta Bin Laden como miembros del mundo de Satanás, “comida para pájaros” (Como dijo informalmente uno de mis instructores de la EEM), transformándose ellos  con esto en “autistas sociales”.

Faltaba mucho por hacer en el terreno y en un despliegue de sincero altruismo hacia una obra que creía divina, pospuse mis estudios durante un semestre para ayudar durante la mitad del año que quedaba.  Era comprensible la reacción de horror de mi mamá y hermano, que pensaban que esta era nuevamente una deserción idiota de mi rumbo.

Esta vez no me apresuré y jugué mis cartas en una negociación. Tanteé el ambiente al insinuar mis deseos de quedarme. Los supervisores que habían visto mi manejo administrativo de tiempo, materiales y los adelantos logrados en mi departamento producto de las sugerencias que yo le daba a un jefe inepto deseaban que me quedara. Uno de ellos, un anciano joven graduado de la escuela de entrenamiento me llamó un día para decirme que lo que Jehová quería en estos momentos era la labor de la construcción, que era más urgente que la obra de predicar porque proporcionaba los lugares de adoración donde confluyen los millones de personas que se están sacando del mundo antes de que venga el fin y que además esta obra a diferencia de la predicación, continuará en el nuevo mundo, por lo tanto dadas mis capacidades lo que yo debía hacer era dejar mis estudios y hacerme parte del equipo de construcción. Yo lo miré y sonreí mentalmente levantando la comisura de mis labios diciéndole que lo iba a pensar. Entonces entré a la negociación, le dije al cuerpo de ancianos supervisores de la construcción que me quedaría por los próximos seis meses (un total de 8 meses de trabajo), con una condición: que me permitieran asistir a la universidad a una clase que se dictaría los Martes y los Viernes por la mañana.

Ellos sin dudar me autorizaron.

Pensemos ahora un momento. ¿fue la misericordiosa bondad de Jehová la que me permitió quedarme o la decisión de ellos de contar con un trabajador capacitado gratuito?. Es obvio que si yo hubiese sido un joven sin educación como la mayoría de mis queridos compañeros de faenas, nunca hubiesen permitido tal cosa, más aún considerando que estudiar en la universidad es una actividad muy mal vista entre la masa testigoide.

De tal forma que yo era una especie de betelita universitario.

La vida en las primeras etapas de la ruta, refleja la “libertad” a la que las personas normales aspiran y desean. Aunque las “habitaciones” no tenían nada que ver con las piezas de hotel de 5 estrellas del Betel de Puente Alto, (o las que actualmente existen en la ruta), y se reducían a unos estrechos cuartuchos de madera en la que dormían hacinados hasta 4 “ruteros” (Del latín “Ruta 5”, dícese de aquel voluntario de la gran orden especial de tiempo completo que fue asignado a la construcción del Salón de Asambleas “El trébol” ubicado en la ruta5 Sur”), la vida era muy alegre. Podíamos a diferencia de Betel, llegar a la comida con o sin corbata y sin el exceso de burrocracias  de Betel.

No voy a contar los secretos de familia, en cuanto a algunos expulsados por mala conducta y cosas así, pero te cuento un evento muy gracioso que me sucedió a mi.

Quizás sepas que como dice el vídeo promocional de Brooklyn (así con acento en la i), “el inicio de un día en Betel es como el inicio de un día en cualquier hogar testigo de Jehová”. A las siete de la mañana de Lunes a Sábado, de todas las semanas del año, se hace “la consideración del texto del día”. Esto es leer y hacer un comentario de un  párrafo escogido impreso en el folleto “Examinando las escrituras diariamente”.

Así en Betel y en la Ruta (Ruta = Salón el Trébol), todos bañaditos y peinaditos y muertos de sueño y frio, los alegres hermanos están anhelantes de oír la instrucción divina de parte del “esclavo fiel y discreto”, que viene cada mañana  tal como Corn-Flakes de Kellog´s, dando alimento y nutrición espiritual para enfrentar cada día.

Así somnolientos y esperando que el asunto termine para por fin tomar café caliente o comer un pedazo de pan con queso, todos escuchan atentos, expectantes, mientras el frío de la madrugada se cuela por la ropa y el cuerpo tirita.

La genialidad de los comentarios, en general producto del “copy-paste” del CD oficial, hace aún más entretenida la mañana y agradecidos por tan profundo material, estamos deseosos de salir para poner en práctica las amables sugerencias.

 

El proceso es el siguiente. Usando el tono del famoso Yerko Puchento diré.

Chicos ¿Ustedes creen que las asignaciones para el texto del día son recibidas con alegría por los voluntarios?

Chicos ¿Ustedes creen que el orden de las asignaciones ha sido cuidadosamente planeado según la capacidad de cada uno, después de orar a Jehová y que no se deja a la planilla Excel?

Chicos ¿Ustedes creen que alguien recuerda algún comentario después de 20 minutos?

Chicos ¿Ustedes creen que las asignaciones del texto del día son preparadas en más de 15 minutos de la noche anterior?

Cuando  llegaban las asignaciones al tablero de anuncios, todos decián “Chuta me toca tal o cual día”. En verdad nunca vi a nadie exultante por tal “privilegio”.  Que digan lo que quieran, a mí nadie me va a contar cuentos.

Bueno el caso es que un día que me tocó un famoso textito, era acerca de los últimos capítulos de Ezequiel !!! (Con las medidas del templo de su visión y longitudes por aquí y allá). Te juro que tenía presente el prepararme, incluso me reía a carcajadas con mi querido compañero de pieza porque yo le decía que iba a usar un tono de pastor, y repetir frases atalayescas típicas “Sí, hermanos…sí, debemos prestar más de la acostumbrada atención al texto bíblico que dice…entonces con corazón resuelto y firme convicción corramos con aguante la carrera que está puesta delante de nosotros, sin desfallecer porque al debido tiempo segaremos, si no nos cansamos. Amén”

El caso es que nos quedamos dormidos después de ver hasta bien tarde los archivos secretos X y desperté horrorizado faltando 5 minutos, casi me pongo a llorar y desesperado comencé a vestirme, no me puse calcetines, no me duché, me puse la camisa y la chaqueta al mismo tiempo y me metí la corbata. Mientras me abotonaba, le rogaba llorando a mi compañero que me dijera algo del texto. Él, muy vaca se reía a carcajadas, mientras también se vestía los jeans. Pero era imposible, hablaba de Ezequiel y su visión de un templo y las medidas de sus escalinatas y qué se yo. Entonces mientras corría a mojarme la cara y ya faltando 1 o 2 minutos, recordé que esa Atalaya había hablado del tema y que mencionaba (aunque no en el párrafo, sí en el tema), un río que sale del templo, y cuando toca las aguas del mar muerto  da vida a los peces muertos del gran lago salado, y hasta florece una flota pesquera en él. Me acordé que los gurús de NewYork habían dicho que el agua representa “las provisiones de vida eterna que dios da mediante su hijo” (una genialidad)

Entonces yo iba a hablar de eso, pero ¡¿Qué iba a rellenar en  dos minutos?¡, el párrafo lo único que hacía era repetir medidas de longitud y yo estaba en estado de Shock. Entonces abrí la puerta del comedor con la cara húmeda, sin secar bien, y sin calcetines. Mientras el primero de los comentaristas leía su hoja, yo trataba de captar lo que él decía y ahí morí. Al tratar de captar su comentario, me distraje de lo mío, y sin papel alguno y recién despertado, partí diciendo muy pau-sa-da-men-te algo como:

“Ezequiel,… un profeta de Dios…

En la Biblia se habla de la visión de Ezequiel en los capítulos tanto al tanto.  Y se habla de un río… Este río es… bueno, Ezequiel habla en la Biblia de un río, que es un río que sale del templo… y fluye. El agua del río fluye por el cauce del río y sale del templo. Bueno…el caso es que el agua del templo es… O sea, el río es como cuando sale agua de un templo” Yo miré al frente y al ver a todos conteniendo la risa y sin saber qué pensar acerca de las incoherencias que estaba yo hablando, sudé helado y seguí.

“El río fluye desde el templo que es la casa de adoración de Jehová… y nosotros también estamos acá en la casa de Jehová construyendo el Salón de Asambleas… que es como un templo… desde el cual sale el agua del río”. Ya estaba perdido, no podía hacer nada para arreglar la sopa, y suspiré profundo frente al micrófono. Aunque ya llevaba rellenando unos 55 segundos jamás llegaría a los dos minutos.

“Jehová …desea que el agua del río llegue a todas partes, para alimentar a las personas, … bueno, no para alimentar a las personas sino para darles de beber, porque el agua quita la sed y….(Suspiro)ufffff”. No pude seguir.

Terminó de hablar el presidente de la consideración de esa semana,  y aprovechando que tenía clases de Botánica, me fui a la universidad. Yo me acordaba y en el bus me iba riendo de nervioso, reprochándome lo idiota que había sido.

Al llegar en la tarde, unas notas de apoyo en mi cama decían “Ánimo hermano , estás cosas pasan y no cambian el buen concepto que tenemos de ti” otra decía. “Hermano, cuando el río suena es porque trae piedras” y otro más estaba firmado por el Cuerpo Gobernante “Hermano esto le pasa porque está enamorado”.

Mis amigos se reían junto a mí del “rio” y mis suspiros y me imitan hasta ahora yo creo.

También algunos tipos (como el santo y puro que se masturbaba), quiso humillarme diciendo que yo era poco espiritual y se intentó burlar sarcásticamente. Pero ni lo tomé en cuenta, de hecho, fue un evento simpático, diría mi momento más agradable (después que hubo acabado, eso sí).

Pero analizando el asunto, esto revela el hecho de que los testigos no somos capaces de generar nuestras propias ideas, que es imposible adaptar a la vida las cosas que ya se supone están integradas al diario vivir, los dichos bíblicos deben necesariamente cubrirse del apoyo de la norma escrita en piedra desde EEUU. Lo que yo quise decir era simple, pero no pude sin el apoyo escrito de fraseología prefabricada. Pudo haber sido el único momento de mi vida testiga para dar testimonio de lo que Yo realmente quería decir, y no pude. No fui capaz, no fui entrenado para dar testimonios de fe, sino para repetir mecánicamente todo lo escrito por el Comité de redacción (comité creativo) de la Watchtower Bible & Tract Society of New York INC.(esta INC es super importante, es como la de “Monsters INC”)

En una de mis salidas me encontré con la que ahora es mi novia en el portón del salón de asambleas. Una bellísima jovencita rubia, estudiante de leyes. Y fue amor a primera vista. Ambos buscábamos excusas para vernos sin despertar sospechas de la curia. La conductora de ella una mujer joven de edad, vieja de mente, ejercía control completo de sus actividades y el esposo de esta señora, un amargado tj, desesperado por ser reconocido mediante algún nombramiento, hasta controlaba sus movimientos por consultas telefónicas.

Al percatarse de que yo, un “gurú”, me había fijado en una simple “estudiante”, le empezó a hacer la vida imposible, dificultó su bautismo, influyendo en los ancianos al argumentarles que lo que mi actual novia quería era sólo “cazarme”. Yo debo reconocer que a menudo personas bienintencionadas hacían mención de la condición novata de esta joven, y que en vista de mis pergaminos era deseable que yo como cristiano maduro me fijara en una precursora con sus “papeles al día”. Pero yo habiendo evaluado mi propia experiencia recordé que no fueron los  TJ los que hicieron de mí lo que soy. Mi personalidad es producto de mis genes y el ambiente que me rodeó en la niñez y tierna juventud, yo en la guachtaguer aprendí sólo doctrina y normas de sí o no. Muchas veces yo las acepté con agrado y muchas otras me sometí por temor a los rayos divinos, pero mi esencia está incólume y no depende de mi religión ocasional. Quien llegó a ser mi novia es una joven que ha sufrido en su familia, muy trabajadora, con un temperamento uuyyy, que da miedo a veces. (es descendiente de alemanes), pero ama profundamente a Dios, (ojo a diferencia de la masa testiguera no le teme, lo ama). Y eso amo yo en ella, a pesar de que mis conceptos de la divinidad han cambiado. Al diablo con los idiotas que criticaban mi decisión. Esperé formalmente su bautismo, y nos pusimos de novios esa semana y punto¡¡¡.

Desde el principio desarrollamos una amistad cómplice y nos empezamos a reir de los formalismos idiotas de algunos. Yo le medía la falda y le calculaba los centímetros de espiritualidad, si le llegaba a los talones era ungida y si le pasaba de la rodilla era apóstata, entonces escogía una falda de publicadora medio- activa, y nos reíamos a carcajadas. Cuando les dije a algunos amigos que estaba de novio, ellos me preguntaron  inmediatamente si mi novia era precursora. Yo les decía “ No, no lo es,… pero tiene muy buenas piernas”, o “ no, pero es inteligente”. A veces me decían ¿Cuánto tiempo tiene en la “verdad”?. Yo les decía “Unoooosss quince… (días)”

“cuento con tu sagrada aprobación?” finalizaba.

Bueno, llegó el tiempo de dejar la construcción y me hicieron una despedida bien bonita, aunque era más bien un pretexto para un breve esparcimiento, dentro de tantas normas (después todo tipo de manifestaciones de honra a “criaturas” se prohibió desde Betel.) Mi estadía en este anexo de Betel, me permitió por ejemplo escuchar discursos enviados por el cuerpo gobernante y dictados por ancianos de Betel. (un anciano de Betel, es nombrado por “el cuerpoG”-no confundir “cuerpo” con “punto”), en realidad no por ellos sino por otros tipos en quienes se delega esta acción, y tienen por característica servir como ancianos con jurisdicción en la casa Betel, ellos son cabeza de mesa y durante una semana conducen la lectura del texto diario como presidentes de mesa, por ejemplo, sólo los ancianos se sientan en las cabeceras, a veces es chistoso lo complicado que es ver comer cuando no hay ancianos que ocupen las cabeceras. (esto echa por tierra la tesis de la igualdad entre todos los hermanos, usando una frase de Wells –no el deprimido pesimista cultural, historiador favorito de la WT, sino el escritor de “1984” y “Rebelión en la granja”-“Todos somos iguales, pero hay animales más iguales que otros”, lo que ha desatado un barullo estructural que jerarquiza hasta las comidas y el lugar que cada cual ocupa en las mesas de comedor de esta rígida asociación de empleados de la WT, en donde la posición social es extremadamente relevante).

Quisiera mencionar que estos discursos, exclusivos para “la familia Betel” como todas las genialidades que escuchan cada fin de semana los tj en sus reuniones, son temas de información tratada previamente en atalayas, casi copiadas textualmente a veces de manera tristemente secuencial. Yo pensé con alegría que me encontraría con información exclusiva, un adelanto, una primicia de los corresponsales de brooklyn, que reportean las noticias que pasan en el cielo y que de vez en cuando nos dan títulos de portada con una declaración de un ángel con cara de pájaro que sirve allí mismo donde se sienta el excelso.

Pero no, hubo un discurso, de la paciencia, otro de servir fuertemente porque viene el fin pronto (ya, bueno), otro de lo que significaban los hijos de Jacob, con los tipos y antitipos , muy en la onda de F. Franz, copia de una Atalaya sesentera .

Pero sí hubo un discurso primicia, una brillantez espiritual. Este discurso trataba que “hay hermanos que pueden ser entrampados por la fantasía mundana, que viven en mundos de ensueño y que un cristiano maduro ejercería cautela para no dejarse atrapar ni perder tiempo con la ciencia ficción y guerras interplanetarias y naves de extrañas y lejanas galaxias!!”-esa es la idea transmitida.

Yo, que como todos mis amigos saben soy fan (aparte de Bosé) de STAR WARS, no pude evitar reirme de lo retrógado del discurso.

Parece que el cuerpoG,  ha sido seducido por el lado oscuro de la fuerza.

Cualquier Betelita que haya estado en servicio durante el 2000 puede confirmar esta estupidez, si no se quedó dormido al medio del discurso.(Nadie hizo comentarios al respecto pasó sin pena ni gloria).

Hubo uno que fue el más interesante, pues era un tema poco tratado en general, obviamente presentaba ideas con textitos por aquí y allá, como una sopita con papitas y carne en tiempos de carestía. Trataba del “libre albedrío”. Lo dictó el mejor orador de Betel, un tipo que se nota de buena cuna y de buena educación, en realidad nada que decir el tipo “le pega”. Quizás por eso fue sencillo extractar los puntos principales. El bosquejo desde EEUU decía que Jehová reconoce nuestro derecho de libre albedrío pues es un don otorgado por su exclusiva voluntad. Pero cuando un siervo fiel se somete a su voluntad, dejando voluntariamente de decidir sus acciones por sí mismo, entonces Jehová toma el control de su vida y desde ese momento Dios se encarga de asignarle la labor que determine más apropiada para el cumplimiento de su propósito- no puedes decir que no es genial, con este tollo, todos salimos engrupidos que el departamento en el que trabajábamos, la congregación en la cual estábamos, la asignación en la cual servíamos, la habitación en la cual dormíamos, el baño en el cual…nos lavábamos los dientes, había sido escogido por Jehová como el mejor en donde poder usar nuestras capacidades, así que no había porqué preocuparse si el capitán de grupo era inepto, el anciano torpe, la cama chica, el baño incómodo, era lo mejor que podía haber. Esto también era alivio para quienes nunca tomaron decisiones en su vida, de hecho para todos era mucho más cómodo que otros pensaran por uno y decidieran el rumbo por uno. Así si se fracasa, puedes endosarle el fracaso a otros. Pero si te fue mal por una decisión que alguien tomó por ti en nombre de la divinidad, es porque tú no fuiste lo suficientemente aplicado. Si por azar te fue bien, entonces es la bendición de Dios- todos salimos contentos, pues Dios dirigía nuestras vidas, sólo había que poner el piloto automático. (Cuantos miles de jóvenes excelentes pierden su juventud sirviendo a una fábrica Acme, pensando que Dios la dirige)

En fin, ya decidido de dejar atrás tanta tontera, y vacuidad en pos de puestos, cumplí mi compromiso de seis meses y volví a la congregación donde estaba mi ex novia, en el territorio de la casa de mi mamá.  Ya te mencioné que era presidida por un viejo-crack, del tiempo de Rutherford o por lo menos es una reencarnación.

Acá empieza mi última etapa testiguiana la más entretenida y sabrosa.


 
 
     
     
     
 
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