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SANDRO RECABARREN (MIKER) None of the material published by Reino.org is copyright-protected. However, all material quoted from other sources is covered by their copyrights and must be used accordingly. |
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MI VIDA COMO PRECURSOR
Soy natural de
Santiago de Chile, de antecedentes católicos. Estudié en un colegio
Salesiano toda la primaria y secundaria. Ya sabes que por lo general
la educación de establecimientos católicos es buena, debido a esto
mi paso académico lógico era estudiar en la Universidad, paso
truncado antes de desarrollarse.
En Chile como en
la mayoría de los países subdesarrollados (eufemísticamente “en vías
de desarrollo”), la diferencia en el reparto de ingresos entre los
universitarios y entre quienes no lo son es extremadamente
pronunciada, de tal modo que mi familia de clase media, orientaba
sus esfuerzos en permitir que mis hermanos y yo (somos tres),
procuráramos ingresar. Para 1989 la familia ya contaba con mi
hermana secretaria ejecutiva bilingüe, mi cuñado médico, mi hermano
ingeniero y yo, estudiante promisorio del último grado de
secundaria.
La alta demanda de ingreso a la universidad ha
provocado que la selección de ingreso a las universidades
tradicionales sea de carácter muy exigente y para establecer un
sesgo, se ha ideado una prueba de Aptitud Académica.
Es en Octubre de mi último año de secundaria
cuando soy “abordado” (Usaré términos watchtoweros), en mi casa por
un hermano. Mi adolescencia se enfrentaba a las preguntas típicas
del ¿Qué somos? ¿Hacia donde vamos? ¿Porqué estamos acá?. La
introversión de ese entonces, aumentada por mi despertar a la
atracción al sexo opuesto, la creencia de que era poco importante,
los deseos de cambiar el sufrimiento, el creer que Dios me rechazaba
por mis masturbaciones adolescentes, me llevaron a buscar
respuestas.
Mis antecedentes religiosos habían
hecho que yo creyera en buenas porciones de las escrituras y en fin,
aquella tarde una pareja de hermanos me preguntó después de saludar.
¿Dime cuál crees tú que es la solución a los problemas del mundo? Y
sonrieron. Yo respondí “Cristo por supuesto”, y muy alegre de hablar
del tema los invité a pasar a mi casa, cosa que los tomó por
sorpresa. Quien llevaba la delantera, habló de muchas cosas y en el
transcurso de la conversación los minutos se alargaron. Su
compañero, un joven, extremadamente tímido y limitado en desplante,
parecía incómodo y se marchó a buscar el grupo de predicación. Yo
por mi parte permanecía absorto viendo cómo aquel “misionero”,
dominaba la Biblia a su antojo y le pregunté “Sr ¿Usted sabe la
biblia de memoria?”, el rió y dijo “Nooo, lo que pasa es que
nosotros estudiamos la biblia”, ”Entonces…podría Yo estudiar” le
dije. Por supuesto, respondió y sacó de su maletín un libro rojo con
bellas ilustraciones “Ud puede vivir para siempre …”. Aprovechando
tal oportunidad yo le dije, Sr hay algo que me he estado
preguntando. Verá usted, por mucho que me esfuerzo no logro
comprender el misterio de la Stsima Trinidad, es decir, cuando Jesús
agonizaba en la cruz, no se habló a si mismo verdad?. Él se manejó
con un despliegue sorprendente de información que dirigió mi razón
sobre el asunto y me dejó claro que tal idea no se halla en la
Biblia (en su interpretación de la biblia), y me dejó
predispuesto a aceptar todo lo que de él viniera. Por tanto debo
decir que mi primer contacto serio con los TJ fue en las condiciones
más ideales para un publicador con relativa experiencia. Yo era un
joven hambriento de certezas, sin mayores cambios de hábitos, en el
período de toma de decisiones, con educación e inteligencia que
bastaban para ser un buen recolector de ideas y de personalidad que
tendía a mantener bajo el perfil.
Esa tarde “me colocaron” (aunque sería
mejor decir “me coloqué) el “Vivir Para Siempre” y no pude dejar de
leerlo, aprendí del paraíso perdido y del paraíso recobrado, de
satanás y de Jesús ente individual, De Jehová, de los 7 tiempos (con
calculadora en mano), y de la “madre organización”.
Creo que abordaré en otra ocasión el
Cómo sufrí control mental (es decir explicar claramente el método de
control mental que usa herramientas tremendamente efectivas, lo que
transforma a esta secta en una agrupación muy peligrosa, para el
desarrollo de las personas), el caso es que mi personalidad,
intereses, metas, gustos y métodos, mutaron radicalmente, hasta
convertirme en un clon wachtowero.
Aunque yo lo notaba un poco y mi
familia y amigos se alarmaron, de antemano ya había recibido
estratégicamente la doctrina de “la nueva personalidad” que desecha
la “vieja personalidad” mundana. Así las cosas los demás
reaccionaban de mala forma ante mis cambios porque, Satanás los
ponía en mi contra, o porque ellos eran tan inmorales que mi
conducta les hacía concientes de sus pecados. (yo no seguía
corriendo hacia el bajo sumidero de disolución y por eso ellos
estaban perplejos, furiosos, hablando injuriosamente de mí)
Abreviando me transformé en estudio
modelo, comentador atalayado, predicador matinal, vermut y
vespertino, deseoso de compartir “la verdad” con todo el mundo. Mi
padre y mi madre sufrieron por mi detención de proyectos académicos.
Ellos extremadamente tolerantes no podían entender cómo cambiaba mis
modos de ser de manera dramática.
Recuerdo un día especial de asamblea en que la
gran expectación era la visita de un “ungido” un “glorioso” un
“miembro del cuerpo gobernante”.
Cómo si fuera el mismo apóstol Pablo
reencarnado, unos amigos y yo le escuchamos con atención el discurso
“¿Tendrán que hablar las piedras?”, del cual yo tomé apuntes pues
usaba un traductor que daba tiempo para escribir. Yo le rogué a
Jehová que me permitiese saludar a uno de sus hijos (ellos son los
hijos de Dios, los hermanos de Cristo). Con mucho trabajo, me abrí
paso por entre la muchedumbre y vi al anciano Milton Henschel,
rodeado de sus acólitos, betelitas de Santiago que intentaban
separar a la gente como lo hacen quienes cuidan a las celebridades.
Le estreché la mano y la sostuve por algunos segundos, él sonreía y
aparentemente disfrutaba o no se molestaba del “cariño”, las fotos
y la algarabía (¿idolatría?) de los hermanos. Analizo mi
comportamiento y ¿cómo explicar que para mí fue como si parte del
espíritu de Dios hubiese salido de la mano del alto hermano Henschel
y Jehová mismo me capacitaba para obras mayores? Todos lo vitoreaban
y aclamaban y querían tocarlo, para mí era lo lógico, un rey eterno
llegaba al estadio Santa Laura. Para un observador cualquiera era
adoración de criaturas. (Ahora sólo haría tal esfuerzo para saludar
a Miguel Bosé)
Ese momento fue para mi muy
“importante” pues era la primera vez que yo veía a tantos TJ juntos.
Pensé…”este movimiento no es el de unos pocos”. El ver personas de
distinto pelaje social, y jóvenes muy atractivas, me atrajo mucho.
Todos bonitos, arregladitos, limpiecitos…algo ideal. (Eso pasa por
no reconocer que nuestra sociedad ha perdido-en realidad, desconozco
si alguna vez ha tenido- la característica gregaria de unirse
masivamente en familia por motivos idealistas o simplemente lúdicos,
se han perdido muchos espacios públicos por lo mismo y las
autoridades políticas reconocen la importancia de motivar las
expresiones de afecto por el grupo nacional.
Puede verse que cuando se gatillan esas
necesidades, pueden canalizarse las masas dispuestas a dejar la
soledad y la desconfianza auto-referente para conducir al
cumplimiento de metas comunes. Estas conductas sociales, surgen
cuando se les da a las masas un sentido de identidad, que otorga la
sensación de pertenencia a un grupo. Esta actitud en Chile está
claramente demostrada cuando surgen catástrofes naturales, o para
tiempo de Teletón, o cuando juega la selección para el mundial, o
para el año nuevo. Surge el deseo de que todos nos uniéramos por
siempre, un “sentido navideño” e las cosas, todos felices, todos
contentos. Pero la sociedad está compuesta por individuos que
naturalmente tienen necesidades diferentes.
La máxima aspiración de un grupo que
desea controlar a las masas, bien por un sentido paternalista o para
formar el grupo de clientes perfectos, es estandarizar las
necesidades de las personas…algo que las sectas hacen de manera
magistral, pero bueno…eso es harina de otro costal)
Llegué a bautizarme casi en 5 meses y así
adopté con celo el gran conjunto de ideas wathtowerianas.
Dejar de celebrar cumpleaños, santos,
navidades, fiestas patrias o cualquier actividad social con
familiares “mundanos” fue un asunto que repercutió hondo en mi casa.
Recuerdo cómo mi primer año nuevo watchtowero, amargué a todos en mi
casa, pues no tuve la decencia de salir al abrazo de las 12 ni a la
cena, encerrado en mi habitación. Sufriendo en mi interior,
entregaba tal sacrificio a Jehová. Él era el único que podía
entender que mi acción de hacer sufrir a mi familia con un
comportamiento tan extravagante, era con un buen propósito, con el
fin de hacerles comprender que actividades para mí tan queridas,
debían ser dejadas de lado por un llamamiento superior de servicio a
Dios. Cosa que quizás haría de ellos merecedores como yo del favor
divino. Me molesté mucho cuando la familia testigo que me “adoptó”
(pues yo era un “huérfano espiritual”) me dijo que yo debí haber
sido más flexible. Ellos estaban al tanto de mis determinaciones y
en más de una ocasión fueron ellos quienes me instruyeron en lo que
debía yo hacer. (Es fácil decirle a una anciana africana con un
fusil apuntándole a la cara: “no firmes el certificado del partido
político”, cuando estás en un sillón mullido en Brooklyn). Ahora
cuando les mencioné mis dificultades suavizaron su postura, pero el
daño ya estaba hecho, y por siempre lamenté que los prejuicios bien
fundados que mi familia podía tener acerca de mi nueva religión no
eran sólo sospechas razonables. (agradezco que nadie en mi casa se
dejó seducir)
Ese fin de año, año de mi primera gran
asamblea: “Confianza de Jehová” (En ese entonces las asambleas se
realizaban en estadios alquilados en los primeros meses del año),
había una porción en el programa que incluía las experiencias de
“jóvenes espirituales que no querían trabajar para el mundo de
Satanás y rechazaban las presiones de aceptar carreras mundanas en
la universidad”. Esto caló hondo en mi impresión como joven estudio
que tomaba notas de cada discurso.
Se dio énfasis a “la carrera del
futuro”, el precursorado regular o la carrera de betelita.
Esas “carreras” eran completamente
acordes con la madurez cristiana que integraba como forma de vida la
certeza de lo inminente del fin y Armagedón, el día de furia contra
el mundo inicuo de Satanás.
Yo deseaba con mi alma ser precursor
regular y servir a Jehová con toda mi vida y recursos.
Acercábase el tiempo para los exámenes
de admisión y en pleno ejercicio de los controles, respondí mal
deliberadamente a muchas preguntas. Con todo me dolía profundamente
responder mal, cosas que yo sabía.
Llegó el tiempo de resultados y a pesar de mis
fraudes, “califiqué” para ingresar a mi carrera favorita Agronomía,
sólo que no en una universidad de Santiago sino fuera de Santiago en
el Sur de Chile, a la hermosa ciudad de Valdivia en la prestigiosa
Universidad Austral de Chile.
Desilusionado pues debía ir de todas
maneras a la universidad y con un conflicto enorme, mis felices
padres y hermanos me fueron a dejar al tren que me llevaría a la
casa de un hermano TJ que me daría alojamiento y “compañía
espiritual”.
Me acompañó otro hermano, uno “desinteresado
en ganancia material”, que recibió sin que yo supiera, de mi padre
dinero para ida y vuelta del pasaje, alojamiento y estadía, (de más
está decir que no gastamos nada pues me llevó a casa de sus testigos
conocidos que de antemano él sabía no le cobrarían nada). En el sur
me acerqué a las familias “más espirituales” que guardaban relación
estrecha con las familias más pobres y por lo tanto de educación
limitada (Esta correlación no es culpa mía, es producto de la
distribución de recursos de economía) Es obvio que la influencia
atalayesca, la limitada visión de mis hospederos y mi propio
convencimiento, fueron el caldo de cultivo que me impidió
desarrollar métodos de estudio y disciplina acorde a la exigencia
del nivel universitario.
Al ir a reuniones, era común el escuchar
comentarios peyorativos respecto de la educación superior. Se
establecía que quienes aprobaban estudios de esta índole,
manifestaban un claro sentido de relajo espiritual, al posponer
tácitamente un fin que se presumía inminente. Yo, deseoso de servir
a Dios de la mejor manera, interpretaba en estos comentarios
emanados de los hombres espirituales, en forma de discursos o
respuestas, y expresados claramente en las publicaciones de la
wachtaguer que mi situación no era compatible con la posición
deseable para un “cristiano maduro”. A menudo me enfrentaba a
conflictos cuando ocasionalmente desde mi ventana veía a los
precursores predicar, mientras yo estudiaba matemáticas. Mi
distracción la proyecté hasta la universidad, cuando en clases me
preguntaba si en vez de estar “perdiendo el tiempo” escuchando la
cátedra, no sería mejor usar mi juventud para honrar a Jehová. En
síntesis afronté serias dificultades para comprender las asignaturas
del primer semestre, y naturalmente desarrollé un curso de colisión
pues mis resultados académicos eran francamente malos. Con todo
llegué a sentirme feliz y vi estos resultados como “la voluntad de
Jehová”, dando irresponsablemente el crédito de mi ineficacia al
supuesto deseo del creador de hacer de mí, un “vaso escogido” para
las naciones.
Un buen día informé a los ancianos que
me regresaba a casa para ser precursor y ellos con alegría
exultante felicitaron mi decisión y enarbolaron mi ejemplo como
digno de ser imitado por jóvenes espirituales. En esos momentos yo
estaba convencido que estaba haciendo la voluntad de Dios.
El trato de mis padres fue
misericordioso, pero igual ellos sufrían. Para soportar tal
incomodidad, me convencí que deseaban mi progreso material, sólo
para que fuera el seguro de una vejez sin problemas a costa de mis
sueldos. Creencia que sirvió para mitigar el dolor que me causaba
hacerlos sufrir, con esto yo les atribuía malos motivos….¡A mis
padres, que han dado todo por mí¡.
Yo por mi parte reconocía la gran inversión, o
puesto en otros términos, la gran apuesta que había hecho. Dejar la
universidad me ponía en clara condición desmejorada y ante esto, la
actitud consecuente era trabajar por las metas que había considerado
más dignas que mi adelantamiento personal. ¿No había hablado Jehová
mediante una Atalaya el tema “Jóvenes que van a hacer con su vida?”
usando el texto base. “Y murió para que los que viven, no vivan ya
para sí, sino para el que murió por ellos y fue levantado”.
Entonces yo no estaba para responder las atenciones mundanas,
debía ser precursor, y con alegría me hice pastor, apóstol a las
naciones, profeta de Dios, vocero de Jehová llevando el mensaje
impreso de las “colas de caballos” de jinetes de caballería
apocalípticos. Compañero de los hermanos de Cristo, los hijos de
Dios, los verdaderos Testigos de Jehová (ya que el nombre sólo nos
aplica por extensión misericordiosa), acólito de ancianos y
superintendentes de circuito, objeto del deseo de las precursoras
jóvenes, (según yo) pero estando yo mismo a una altura excelsa. Esta
posición ensalzada me hizo sentir que Dios se interesaba
particularmente en mí. Pero en vez de contribuir esto a hacer de mí
una persona humilde, me transformó en un tipo insoportable, pagado
de su propia justicia. Un santo varón que mortificaba su carne y
sentidos en busca de la virtud espiritual, en la búsqueda de seguir
la esencia de Cristo siguiendo métodos prefabricados desde un barrio
en decadencia de Nueva York.
En las reuniones, cada comentario mío iba
adornado del texto griego o hebreo, (descontextualizado obviamente y
aunque yo no sé ni papa de griego) comparado con tal o cual versión
de las escrituras y consultando fielmente las Atalayas y el Libro
AID (libro hecho por un apóstata!!!! Que se quería hacer millonario
con los derechos de autor, según me contaron) Había de escoger bien
las asociaciones, las malas “echan a perder los hábitos útiles”,
incluso dentro de la congregación.
De tal forma que los que calificaban
para ser mis amigos no sólo debían estar bautizados sino que debían
estar manifestando una entrega sobresaliente de su tiempo al
“servicio sagrado”, así me rodeé de precursores regulares o
especiales, ancianos, siervos ministeriales y betelitas.
El contacto con las hermanas lo mantenía al
mínimo…. Eran sólo bellas personitas inferiores a las que, sólo les
alcanza la inteligencia para predicar y nada más. Como tenía tan
alto concepto de mí mismo, creía sin dudar que las jóvenes se
cortaban las venas por una de mis miradas de aprobación. Mi futura
esposa sería esposa de un superintendente de Circuito, así que yo
escogía a qué joven prestaba o no, atención, obviamente las más
atractivas y de estupenda figura. (las mujeres espirituales sabrían
escogerme si yo las pretendía, si no… no eran espirituales- si sale
cara gano, si cruz tiro de nuevo)
Era el presidente del “club de Tobby” y había
edificado un falso sentido de seguridad y de cualidades cristianas.
En ese entonces creía sin lugar a la
más mínima duda que yo era humilde y puro y justo y buen cristiano.
Que todos los demás testigos que no seguían las “sugerencias” de la
watchtower, eran cristianos de imitación que en el día de Armagedón,
serían destruidos por la negligencia de mantener oculta su lámpara
en el cesto de medir. Y que la demás “gente”, “la gente”, ”los de
afuera”, “los mundanos” (incluida mi familia por supuesto) debían
ser salvos por nuestra predicación “cosista” (debes hacer “cosas”
para salvarte). ¿Cómo Dios no va a hacer diferencia de quienes
salimos a predicar todos los días, sacrificamos estudios, estudiamos
la Atalaya, comentamos en las reuniones después de prepararnos,
leemos el estudio de libro, el texto del día, el ministerio y damos
contribuciones (hoy “aportes”), no fornicamos, no mentimos, no nos
emborrachamos, no fumamos? “Te agradezco padre de no ser como este
recaudador de impuestos” Eso me pasaba a mi. Creía ser un joven
especialmente bendito.
Al llegar a este punto debo
reflexionar en la razón de mis actitudes de superioridad.
Nunca hubo el más mínimo atisbo de
reproche ante mi forma de ser. Lo único que oía y percibía eran
comentarios positivos (como los que yo creía que generaba Timoteo en
su juventud), era a mí a quien sacaban a dar presentaciones y
experiencias. Era a mí a quien las hermanas mayores invitaban a
cenar para presentarme a sus hijas. A mí me llegaban invitaciones
para asistir a reuniones sociales los fines de semana. Era yo quien
contaba con la confianza de los ancianos y superintendentes de
circuito, era yo el que siendo nombrado siervo ministerial a los 19
años, de una congregación de 180 publicadores, era utilizado como
ayudante de la escuela teocrática y cuentas siendo puesto más alto
que los otros siervos ministeriales de más edad y tradición
wachtowera… entonces yo no podía estar equivocado. Yo hacía las
cosas por Jehová y Jehová me retribuía con el honor que ostentaba.
Mis padres dolidos y muy preocupados,
veían cómo mi juventud pasaba y yo no había adquirido ninguna
destreza para ganarme el sustento, pues pensando que con asear mi
habitación, cuidar el jardín, ayudar en las compras, reparaciones y
mantención de mi casa, o uno que otro trabajillo servil, como
“sanguchero” en una fuente de soda picante, o haciendo encuestas, o
llenando números en libros de contabilidad, o manejando una central
telefónica, cumplía con la norma “el que no trabaja no coma”, y
así, no me preocupé de estudiar. Los cálculos del libro “Vivir para
siempre”, indicaban que la generación que había visto los
acontecimientos de 1914, no pasaría y en vista de esto faltaba tan
poco para el fin, estaba “a las puertas”, “a la vuelta de la
esquina”, “era inminente”, que ¿para que preocuparme?, nunca
habría de envejecer. Mis padres no se dejaron impresionar por mis
despliegues de erudición watchtoweriana y me obligaron a asistir a
un instituto profesional que me capacitaría en mecánica automotriz.
Aunque detesto mancharme las manos con aceite y el frío de los
metales y los golpes en los nudillos con los fierros, opté por este
oficio e hice mi mejor esfuerzo pues este empleo (del cual no tengo
nada malo que decir), me capacitaría para viajar a lugares extremos
donde mi servicio a Dios fuese útil.
Nuevamente viajé al Sur, con muy poco
dinero y confiando en Jehová.
Meses antes, la correspondencia mantenida con
un hermano que tenía un tallercito mecánico (en el cual yo
trabajaría) y que me ofrecía alojamiento me permitieron ir al Sur.
Aquí ocurrió un hecho que evidencia
cómo un mismo acontecimiento puede ser evaluado de maneras
diferentes según la tradición cultural y el prisma individual de las
personas.
Partiendo de la premisa del Salmo: “Un
joven era yo y ya he envejecido, pero no he visto nunca a un justo
dejado enteramente ni a su prole buscando pan” y del evangelio
“Sigan pues buscando el reino y su justicia, pues todas las cosas
les serán añadidas”, yo razonaba: a)Tengo mis estudios de mecánica,
b)Tengo la posibilidad de trabajar en un taller, c)Voy a ir a un
“lugar de necesidad”, d)Jehová me bendecirá, e)Hay que resistir lo
malo que ocurra pues el desánimo viene del Diablo.
Una amiga precursora que se había
trasladado a la sexta región, (para los extranjeros, una zona al Sur
de Santiago, pero relativamente próxima, 300-400Km), que estaba
pasando pellejerías, pero aguantando estoicamente y por lo visto
conforme con su producción de estudios bíblicos, me aconsejó que me
fijara una fecha de partida definida. Yo me fijé una fecha de Mayo?.
Y empecé a juntar ropa y cosas así. Le pedí plata a mi mamá, que no
quería que me fuera (pobre vieja, le he sacado canas verdes) y los
hermanos del Salón me dieron una pequeña suma.
Yo con la plata en el bolsillo me
sentía razonablemente seguro, pero al ir el día del viaje a la
estación, me doy cuenta de haber extraviado TODO mi dinero (no sé si
me robaron o se me cayó desde el bolsillo de una chaqueta, que sí me
robaron en un salón de asambleas unos 8 años después). Le atribuí el
problema al Diablo y no a mi estupidez (pobre Diablo). “Satanás no
me impedirá servirle a Dios” pensaba yo. Jehová me ayudaría en la
misión. Mi mamá intercedió por mí para que el hombre de los boletos,
me dejara abordar el bus y con su mediación hube de pagar una
fracción del pasaje original, pues en mi billetera, estaba el pasaje
que también había extraviado. La plata la juntaron dos queridas
amigas (una de ellas es prácticamente mi hermana, la otra ya no me
habla porque no salgo a predicar el reino de Brooklyn) que estaban
allí para despedirse. Mi papá no fue a despedirse, porque estaba
molesto y además estaba resfriado. En Osorno, a unos 1000Km de
Santiago, me dejó botado el bus pues me quedé en el baño de la
estación, pero un automovilista amable me ayudó. (Cuando alcancé a
ver el bus, varios Km más adelante, en vez de darle las gracias a él
dirigí mis agradecimientos a los cumulus nimbus). En Puerto Montt,
unas dos horas al Sur, la persona que me iba a estar esperando, no
estaba en la estación y yo estaba sólo, a más de 1100 Km de
distancia de mi casa, en un lugar absolutamente desconocido y sin
dinero en los bolsillos. Mi cara desesperada captó la atención de un
lugareño, quien amablemente, como es la gente del Sur, me ayudó a
ubicar la dirección que tenía anotada en un papel. Los hermanos que
servían de contacto para llevar fueron muy amorosos, y trabé una
linda amistad con la familia, especialmente con el hijo mayor. Ellos
me prestaron dinero para pagar el pasaje de viaje desde Pto Montt al
lugar definitivo y para la noche del día siguiente a mi partida, ya
estaba en una cómoda cama de una sencilla casita, sorprendido de
haber llegado sano y salvo. Los detalles son sabrosos, pero harían
el relato más extenso de lo que ya es.
Con esta odisea, nueva para mí me
confirmó que Dios estaba de mi parte, frustrando todos los intentos
del Diablo para detenerme en mi “cruzada”.
Ahora con los años de experiencia, me doy
cuenta de mi irresponsabilidad idealista.
La manera de atribuir a entes etéreos
mis fracasos y yerros, me impidió asumir la responsabilidad por los
mismos y no apreciar en su justa medida la ayuda que personas
desconocidas me brindaron desinteresadamente. En ese entonces yo
sólo podía atribuir la amabilidad de los “mundanos” (intrínsecamente
pecadores apartados de Dios), a la intervención del espíritu santo,
no a alguna virtud inherente a ellos, por lo cual cuando fui objeto
de atenciones amorosas, no me sorprendía demasiado, era para mi sólo
el justo pago divino por mis esfuerzos (esfuerzos irresponsables)
Llegué a una zona aislada
wachtoweramente en pleno Invierno, con mucho frío y lluvia. Me
agarré un resfrío tremendo y me puse a parasitar de la bondad de mi
amigo-hermano. El vivía con su mujer TJ, y sus tres niñitos. La casa
era una vieja casona, cuya planta baja estaba habitada por esta
familia, y la parte superior, el segundo piso, estaba desocupado.
Ahí me instalé y viví feliz, con mis poquísimas pertenencias y
creyendo que mi ínfimo aporte a la producción del taller de mi
amigo, bastaba para decir que estaba “trabajando” y tener el
argumento para justificar el costo que ocasionaba a una familia
pobre. En verdad yo era muy descarado. Pensaba que en vista de la
importancia de la predicación yo “trabajaba” predicando (pensando
que en la práctica hacía lo mismo que los precursores que recibían
una mesada de Betel) y por lo tanto, ya cumplía con mi aporte, al
estar en las mañanas haciendo acto de presencia en el tallercito de
mi amigo en las mañanas, que no era “TODA” la mañana. Sino que cerca
de las 10 de la mañana se abría el local (el ritmo de trabajo en el
Sur es muy lento comparado con el frenesí de Santiago) y lo usual
era que los trabajos llegaran después de la 1 PM. En rigor yo era
“un bolsero”, generaba muy poco ingreso y básicamente vivía de una
pequeña ayuda de mi papá que se transformo en mi mente en mi
“mesada” de Betel, (es notable que cuando un “mundano” o ser humano
no bautizado como testigo de WT, me hacía un favor, aún cuando fuese
miembro de mi familia que naturalmente actuaba por amor a mí, yo
restaba importancia al asunto convencido de que era Jehová quien me
daba ese favor- o sea, no que el “mundano” tuviera buen corazón o
amabilidad o desprendimiento genuino o amor cristiano o humanidad
(eso significaba atribuir buenos motivos a “mundanos enemigos de la
“verdad”, cosa para mí inadmisible, pues el peor testigo es mejor
que el mejor mundano), sino que el espíritu santo obraba en el
corazón del “mundano” para actuar favorablemente para un “siervo
suyo” en una operación que yo imaginaba casi como un trance
hipnótico. (Son numerosas las experiencias de Tj que reciben favores
de “mundanos”, o hermanos bienintencionados y se le da el crédito a
Dios, como el caso de dos precursoras que predicaron bajo la lluvia
toda la tarde-en realidad yo creo que llovió toda la tarde, y que
ellas se lo pasaron calientitas disfrutando del calor de las estufas
a leña de sus estudios leyendo los manuales de
adoctrinamiento-entonces habían comentado entre ellas a solas
mientras caminaban de vuelta a su casa bajo la lluvia…”¿Te imaginas
comer pancito amasado calientito?-Uyyy, Sí y con mermelada de murra
(mora) y una taza de leche con café. Sí que sería rico, y en la casa
sólo tenemos té y no alcancé a comprar pan. Bueno vayamos a casa.
-¿Qué te parece si antes vamos a hacer una revisita?. –Bueno
vayamos.” Cuando llegaron a casa, la señora dueña de casa, las
recibió amablemente, como es característico en los sureños y les
ofreció pan recién horneado, con varios tipos de mermelada, leche y
café. Ellas comentaban mientras yo les escuchaba boquiabierto.
“Entonces nos miramos en silencio y comprendimos que Jehová escuchó
nuestra conversación y nos dio la “once” que habíamos deseado. Sí yo
oré en silencio mientras rodaba una lágrima por mi mejilla.”-dijo la
otra.
Pienso ahora. ¿es que hubo la intervención de
potestades celestes en el asunto?, ¿cabe la posibilidad que:
en tiempo de invierno, en hora de la
cena, en una zona donde lo común es hornear el pan pues no hay
muchas panaderías, en donde la “murra” o mora es el fruto de una
enredadera que crece como maleza en toda zona donde no se controla
su expansión y es una costumbre general hacer mermeladas de este
fruto para guardarlos para el consumo de invierno, en donde la leche
es un bien de bajo valor pues la X región es productora de este
recurso y existe una sobreoferta para el consumo local…
,lo más extraordinario de la cena era
el café que viene de Colombia y es envasado en Chile por la Nestlé,
y la visita de dos señoras con los pies empapados?
Comentarios como estos animaban mi “way of
life” cuando apenas me alcanzaba para los pasajes de transporte y
alguna mercadería para la casa. Yo vivía en un mundo de fantasía,
pensando que lo que hacía era la actividad más importante del mundo,
y comencé a disfrutar del cuidado de los hermanos con recursos de
Pto Montt y de Santiago que me obsequiaban ropa usada y zapatos y
obviamente, “pegando en la pera” a los estudios en territorio rural
a los que llegaba a visitar estratégicamente a la hora del té en las
tardes.
Para el mismo tiempo, una pareja de
ancianos jóvenes, graduados de la Escuela de Entrenamiento
Ministerial llegó al grupo. Con todo el entusiasmo de ellos e
instrucción, el bajo número de hermanos y la calma, la vida era miel
sobre hojuelas.
Recibí emocionado la invitación a”La
escuela de servicio de precursor” y “me lo estudié y comenté todo”.
Los problemas empezaron cuando pasados
dos años, dos jóvenes muy bellas empezaron a crecer. ¿Dónde
encontrar compañía para ellas? Debían ser ejemplares, señoritas y
cristianas, alejadas del mundo. Sin posibilidades de estrechar lazos
con compañeros de colegio, no pudieron soportar la presión de estar
solas y una de ellas la más tranquila y bonita, se embarazó y la
otra se casó con un “mundano”. (No te preocupes, he sabido que ambas
están bien)
Una precursora de otra zona llegó al
grupo persiguiendo a uno de los ancianos y eso hubo de tener
consecuencias para mi. Como este hermano no se decidía a declararle
su interés por ella como esposa, esta hermana empezó a realizar
actividades de predicación y revisitas conmigo de tal forma de
provocar celos en este anciano. Su plan funcionó. Un día movido no
sé por qué, quizás el ambiente romántico, la belleza del sur, la
brisa fresca o la puesta del Sol, ella me dijo “te quiero”. Yo no sé
porqué le dije que también y plaff!!!. No, no nos besamos ni nada.
(recuerda que yo era el tj modelo), pero mi declaración constituía
una “firma” ante notario. Recuerdo que a partir de entonces salíamos
regularmente al servicio y a los estudios y no ocultábamos este
hecho. Pero yo quería ir a la escuela de entrenamiento ministerial y
para eso debía estar soltero y sin compromisos. Entonces sufría un
conflicto interno entre esta relación y mis metas. El anciano objeto
del deseo interno de esta precursora, reaccionó. Fue mucho más
evidente la molestia de su compañero que había llegado a ser un
entrañable hermano para él. Y así, por mi parte hube de aguantar el
resultado de los celos de este hermano, que ejercía como
superpresidente.
Para paliar un poco la situación
acepté la visita de una pareja de precursores que predicaban en una
pequeña lancha en las islas al frente de Puerto Montt (donde la
cordillera de la costa empieza a desmembrarse), nunca he visto
lugares tan bellos.
Comentario útil de decir es que en
estas islas la recepción era curiosamente…pésima.
Yo que estaba acostumbrado a una buena
recepción, en donde el amo de casa nos hacía pasar, reunía a toda la
familia en torno a una mesa servida de comida y conversaba con
nosotros que nos comportábamos con la actitud paternalista de Tj de
costumbre, dando cátedra de temas de “Despertad” y enseñando temas
básicos con manzanitas, me sorprendió que en la isla, la gente nos
echara los perros (literalmente), o no nos recibiera la literatura o
nos dijera insolencias. La razón: la amable gente de la isla los
recibía muy bien cuando llegaron. Se conducían muchos estudios y se
colocaba la literatura. Un día alguien sufrió una emergencia médica-
o debía ir a control médico, o había una parturienta, no me acuerdo
bien lo que se me dijo-el caso es que hacía imperioso conducirla de
inmediato a un centro médico. Los lugareños pidieron a los
precursores que ayudaran en el transporte con su lancha. El
precursor más joven estaba muy dispuesto a cooperar, pero el
precursor anciano, repitió maquinalmente la orden de la Sucursal
Betel de PuenteAlto “la lancha SOLO debe ser usada para la
predicación de la buenas nuevas del reino”¿del Brooklyn`s Kingdom?.
La consecuencia: gracias a Dios una lancha de pescadores llegó a
tiempo y se trasladó a esta persona, y desde ese momento NADIE más
escuchó NADA. Hoy he sabido que la lancha de nombre “Kaukalén” que
en idioma nativo significa “Motivo de gozo”, fue vendida y la
actividad en la zona cesó, esto yo lo supe no porque los precursores
asignados me lo dijeran sino porque cuando volví a mi lugar uno de
los precursores me explicó lo que para mí era incomprensible, en la
isla los precursores marineros me dijeron que la razón de eso era
porque habían muchos brujos, (y yo les crei ).
El precursor más joven cayó en
desgracia teocrática años después, no sé porque, pero a pesar de
haber sido precursor especial en el desértico Norte y en las selvas
del Sur de Chile, fue despojado de sus privilegios y objeto de
comentarios despectivos por personas de su congregación de origen
que nada sabían de su abnegada entrega de años esforzados de vivir
en condiciones climáticas y de soledad extremas, siempre soportando
compañeros que asumían la hegemonía, acción facilitada por la
personalidad humilde de este joven luchador a toda prueba.
En el desierto soportó noches con
temperaturas decenas de grados bajo el punto de congelación
enterrando su saco de dormir en la arena, y en el Sur muchas noches
en la Kaukalén luchó contra las marejadas, los vientos y noches de
dormir con ropas empapadas, en estrechísimos camarotes de proa, bajo
una quilla de fibra de vidrio.
Me daría pena contarle que su concepción de
religión verdadera es falsa.
Que quede constancia de mi esfuerzo
agotador de 3 semanas, en las cuales bajé 5 kilos, que fueron nada,
comparado con este joven que experimentó quizás las asignaciones más
difíciles del país sin ni siquiera cuestionar la orden de betel de
Puente Alto.
En estos lugares supe por la policía
de la isla que mi madre se había comunicado con ellos para decirme
que mi padre estaba en grave estado de salud.
Dejé el Sur amado. Bello y frugal. Me
despedí de mis queridos amigos y me trasladé nuevamente a Santiago.
Me quedé en casa de mis padres, quienes habían comprado una casa en
un territorio diferente a mi congregación de origen. Mis hermanos ya
casados tenían su propia vida, y yo a los 25 no tenía ni trabajo, ni
estudios ni nada. Aunque yo llegué al Sur desde Santiago,
recomendado con trompetas angelicales, al momento de las
recomendaciones para nombramientos, se me hacía esperar. Después
pasó este problema de faldas y quedé “marcado” para el
super-presidente, amigo entrañable del anciano objeto del acoso de
esta hermana. (A pesar de todo, esta niña,”se la jugó” y se casó, y
ahora viven felices como precursores especiales, y yo los quiero
mucho a todos ellos- ya no existe el motivo de conflicto)
Me enteré que la carta de
recomendación no fue una carta elogiosa, no puedo evitar concluir
que el anciano presidente, en forma de desagravio para su amigo fue
incapaz de mantener su imparcialidad. (debo decir acá nuevamente que
yo los quiero mucho a todos, a la hermana y a estos dos ancianos. A
la hermana “le resultó” y terminaron felices comiendo perdices,
después que yo le dije que mis metas eran ir a la EEM)
La carta de referencia al momento de
mi traslado estuvo dirigida con cierta tendencia a destacar mi
desorden y falta de previsión “seglar” (Curioso, yo no era “nada”
para ser “alguien para Jehová”)
Esto predispuso a los ancianos de la
nueva congregación donde llegué.
Imagínate el choque de personalidad mía
(absurdamente confiado de mi eminencia espiritual) y ancianos de
edad avanzada, acostumbrados a llevar una congregación según sus
propias limitaciones. Yo rápidamente noté la falta de educación de
estos hombres y cómo, por no estar al día con “el esclavo”, cometían
muchas torpezas y faltas de procedimiento. No pude evitar encararlos
por el maltrato que le dieron a una hermana y desde ahí quedé
“marcado” nuevamente.
Mi padre que había estado muy grave,
una vez me dijo casi susurrando. “ no te da pena haber fracasado en
tu vida?” yo me perturbé mucho y le dije : “Papá porqué dice eso?,
no soy yo un buen cristiano?, no soy acaso un buen hijo?, no fumo,
no bebo, les ayudo en lo que puedo, no abuso de drogas”. Él sólo me
miró y no dijo nada.
Días después fallecía en mis brazos.
Huérfano de padre, busqué trabajo en
Santiago y encontré empleo como administrativo en una empresa de
seguros (léase “goma”). Yo, que ya tenía experiencia administrativa
en las congregaciones, no tuve mayores problemas para desempeñarme.
Hasta agarré cariño a mi trabajo y a mis primeros sueldos (una
fortuna para mí). Pero, se me invitó a la Escuela de Entrenamiento
Ministerial y renuncié a pesar de los literalmente “ruegos” del
gerente para que no los dejara en el período de mayor actividad.
Nuevamente dejé una actividad muy apreciada por responder a la voz
del Dios que me bendecía con sus privilegios.
Sin considerar las protestas de mi
mamá, me fui a Betel, donde durante 8 semanas, leímos, tratamos,
conversamos y esbozamos, la cultura testigoide a un grado poco
común, es decir, más en profundidad, intentando destacar que existía
una coherencia absoluta en lo que uno de mis instructores (hoy
miembro del comité de sucursal) llamaba: “los pilares estructurales
de la verdad”.
Viví en Betel por 8 semanas y mis
instructores me pronosticaron un brillante futuro en la organización
por haber sido un alumno destacado en los comentarios, en las
presentaciones y en las calificaciones. Vivía metido en la
biblioteca de Betel y pude ver las graciosas ilustraciones de los
libros de Russell y Rutherford (para mí, sólo curiosidades
arqueológicas- todas estas publicaciones están disponibles en la
pagina “La atalaya.org”)
Poseo un archivo completo de todos los temas
tratados en la EEM, con todas las citas y asignaciones. Y te digo
para que te dejes de especular, que TODO lo que se estudia, TODO,
está en las publicaciones wachtoweras, así que cualquier tipo con el
tiempo suficiente para regalar, con un PC y una impresora, tiene
todo en la “Library”.
Se dá mucha importancia a los
ministerios del reino, a los suplementos y al libro Organizados. Al
llegar a la congregación, después de la graduación, “mis” ancianos,
no me abordaron, no me “pescaron”, debo decir que me desconcertó la
actitud de indiferencia hacia mi persona. No me preguntaron nada, y
ni les importó nada. Esto me dolió profundamente pues a mis
compañeros de clase los recibieron con mucho cariño y expectación.
Todos mis buenos deseos para compartir los métodos “edificantes” y
teóricos de la organización, aquellas ideas que alivian la carga de
las ovejas, quise plasmarlas en actividades para la congregación,
pero sistemáticamente fui anulado, por las ansías de hegemonía de
los gurús, hasta que perdí toda motivación. En ese momento ocurrió
un gran sacudón en “los pilares”. Tal como un Boeing en llamas
estrellando al WTC, provocando un derrumbe en la Tower. La
generación de 1914, a la que yo descontaba varios miles año tras
año. Dejó mágicamente de ser lo que era. Yo me enojé con los
hermanos “ungidos”, porque veía en esto un acomodo ante el hecho de
que los viejos se les estaban muriendo y todavía no pasaba nada.
Comenté irónicamente a un amigo “Mira ahora tu hija (un bebé de
días) es parte de la generación”. A partir de esa fecha el término
“la generación de 1914”, abundante hasta esos momentos en las
publicaciones, dejó de utilizarse. Me dio miedo pensar que estaba
pecando al poner en duda a los “gloriosos” y le pedí perdón a Jehová
ocultando mi duda e inquietud en mi corazón y aprendiendo de memoria
los nuevos fundamentos, que citaban de eruditos evangélicos,
católicos y hasta a un desconocido profesor de historia, como base
científica para probar cierto lo que varios grupos religiosos han
creído durante cientos de años y que nosotros combatíamos como
falso.
Como yo seguía dedicándome al
precursorado, comencé a tener asociación con una joven precursora
muy dulce, de la cual llegué a estar enamorado.
En ese entonces también comencé a frecuentar la
casa de una mujer vieja de la congregación. Una mujer a quien su
esposo dejó en la juventud, por irse con otra persona a quien quiso
más. Esta mujer, es una erudita wachtoweriana, típica mujer carente
de afecto, (o sea necesitada de favores masculinos), que lo busca
sin más no poder, el tipo de viejas a las que es mejor tener de
amiga. Con una influencia en el grupo de ancianos tremenda y a la
cual se le acercan las personas de la congregación a pedirle
consejo… la “pastora”. Es tan astuta que finge humildad aún siendo
tan orgullosa como yo lo era. A menudo competíamos entre nosotros
para dar el comentario más rebuscado, y yo me deleitaba en
corregirla cuando se equivocaba.
Mi relación con mi joven amada era una
relación furtiva. Yo, como graduado de la escuela de entrenamiento
ministerial, no podía ponerme de novio con nadie, por el requisito
estúpido de estar sin compromiso al menos por dos años. Esta
jovencita extremadamente sumisa, (la chica ideal para un TJ) aceptó
con pena esperar a hacer pública nuestra relación y yo sabía que le
dolía esconderla (debo decir que nunca nos tomamos ni las manos-
antes de estar “de novios”). Pero la vieja bruja, (que en teoría de
uno de los ancianos, se había fantaseado conmigo a causa de imaginar
un paraíso inminente, donde ella sería joven de nuevo), comenzó
desde temprano a influir en los padres de mi amada, para estorbar mi
relación con ella, situación que me fue referida años después por la
madre de la joven. Fueron muchos los sinsabores que sufrí a manos de
su madre y padre (que no vienen al caso), pero esta situación me
prendió una luz de alerta ante las reales condiciones de esta vieja.
Un día se me aclaró todo.
Esta “señora”, en el servicio del campo empezó
a poner el tema de que Adán, había recibido a Eva porque era
“ineficiente”, por lo tanto, el hombre, (el ser masculino), era
ineficiente. Este hecho no pasaría de ser anecdótico si no tomamos
en cuenta circunstancias especiales. Yo era el iluminado por los
dioses en la congregación, pensaba además que existía preeminencia
masculina en el orden teocrático, lo que exacerba el carácter
machista de una sociedad eminentemente orientada a este pensar como
la chilena. Además competía por la atención general con esta vieja y
me estaba quitando protagonismo. Yo rebatí como pude su punto, pero
siempre se transformaba en una discusión que yo perdía después de
varios gritos. (Una verdadera estupidez- si hubiese tenido en ese
entonces claro el significado de “eficiencia” sólo me hubiese
reído). Un día cuando ambos estábamos de visita en la casa de un
matrimonio joven, esta vieja sacó el tema nuevamente, y me sacó de
quicio, yo le levanté la voz y ella de una manera que me desarmó
completamente, se puso a reír con la boca abierta, emitiendo fuertes
carcajadas. De súbito noté la manipulación a la que me podía llevar
sólo jugando, y recordé con estupor las innumerables veces a las que
me enfrenté a los ancianos, motivado por el azuzamiento al que era
sometido sistemáticamente. Durante unos cuatro años fui el caballito
de guerra de esta vieja, que me quemaba a mí diciéndome lo que yo
debía decir cuando me enfrentaba a los ancianos. Es de comprender
que esta actitud de confrontación que desarrollé en múltiples
conversaciones de espíritu crítico junto a ella por considerar que
los ancianos eran por decir lo menos, unos viejos ignorantes, me
llevó a estar en un lugar muy desmejorado a ojos de ellos, mientras
ella aún goza de una reputación de colaboradora intachable. Al grado
que los ancianos le cuentan asuntos confidenciales que ella se
encarga de trasmitir. (así me enteré de motivos de censuras y
expulsiones, conflictos entre familias y luchas de poder entre
ancianos, vidas pasadas de los miembros de la congregación y
conductas cuestionables de algunos de estos como, celebraciones de
cumpleaños disfrazadas, cenas de año nuevo camufladas, alcoholismo
de un anciano, violencia intrafamiliar en otro, secuelas
conductuales por causa de abusos deshonestos en contra de una
precursora en su niñez a manos de un anciano prominente y otros
pasteles)
A pesar de recibir puestos de
responsabilidad cuando ya no les quedaban alternativas de
nombramientos y llevar bien mis asignaciones, nunca recibí de parte
de los ancianos estímulos o insinuaciones de un futuro nombramiento
como anciano. El ver que yo no calificaba como anciano me hacía
sentir que por alguna razón u otra yo no merecía el nombramiento
desde Jehová. Pero mi desconcierto era profundo cuando veía a otras
personas, más nuevas, menos experimentadas, y con falencias
comparables a las mías ser nombradas sin objeción. Yo sabía que la
opinión de los ancianos respecto a mí era dividida, y que el
super-presidente era quien no quería que yo entrara al cuerpo de
ancianos. Me separé de la mala influencia de esta vieja, y me
dediqué a animar a un matrimonio joven. El esposo ha llegado a ser
(aún) mi mejor amigo.
Pasado un año mi amigo que en un
principio era bastante apático para las cosas espirituales calificó
con mi ayuda para ser siervo ministerial. Yo creía íntimamente que
esta labor de ayuda sería notada por Jehová y que los ancianos
cursarían mi recomendación para mi nombramiento, pero el haber
faltado a la conducción de algunas sesiones del estudio de libro que
yo conducía, bastaron para que el hermano influyente esgrimiera esta
razón como motivo inhabilitante.
Decidí entonces usar una franquicia de la
escuela de entrenamiento ministerial y pensé en pedir mi traslado a
la congregación que me había formado. Mi joven amada que para ese
entonces ya era mi “novia”, tomó esto con mucha pena.
Nosotros habíamos mantenido una
relación casta siempre, pero las intrigas de la vieja bruja,
lograron que los padres de la niña siempre fueran suspicaces. Cuando
yo la visitaba me ponían mala cara y no me sentía a gusto. Entonces
era más cómodo y menos responsable para mí y ella, juntarnos en mi
casa. Y como es natural, dos jóvenes sólos que se aman, se besarían…
y nos besamos. Sí era habitual el besarnos y acariciarnos, de la
manera más linda y pura que jamás había hecho. (No desearía
explayarme en mis sensaciones y en lo que yo percibía en ella, pero
baste decir que no hubo nada malo en ello).
Uno de los ancianos abordó entonces a esta niña
y le preguntó directamente si entre ella y yo habían “expresiones de
afecto apasionadas”, ella temerosamente les dijo que sí (demás está
decir que estos hombres de mayor edad les hace falta la ayuda de
irrigadores en los cuerpos esponjosos, pero por lo menos les
funciona la mente)
Me indigné cuando un día los ancianos
me informan que quieren hablar conmigo. Yo pensé que era para
“encomiarme” (lindo verbo no?...¿qué significa?. Lo sabes tú?
Siempre lo he escuchado conjugado en infinidad de contextos y
tiempos verbales- “Hermano lo encomio a que haga los informes, los
encomiamos por la predicación, los encomiamos a que hoy se haga el
aseo, quieres encomiar una pizza?, Bueno encomiame un momento, voy a
encomiar mis cosas en el bolso. Ahora sí encomiemos hasta la
pizzería. Cuantas pizzas te vas a encomiar?. MMMHH unas dos porque
estoy encomiado de hambre. Quizás hoy me encomie una siesta después
del almuerzo. Adiós hermano, adiós, Te encomio a que vayas hoy a
reunión”),
Me trataron como si hubiera fornicado,
me interrogaron con dureza y yo les respondí con dureza, me leyeron
textos y trataron de sonsacarme sus verdades insinuando que la niña
había confesado que entre yo y ella pasaban cosas impúdicas. Yo me
hastié y les dije que me provocaba indignación el que nunca se
hubiesen acercado a mí para darme estímulo o una palabra de aliento
o alguna sugerencia y se apresuraban a tirarse en picada con una
acusación sin fundamento. Me hastié y les dije que me iba de la
congregación.
Estaba ansioso por saber que tipo de
carta me enviarían y cometí un error que cambió el curso de mi vida.
Cuando el secretario me pasó la carta de recomendación, entonces yo
la abrí y leí consternado que era una carta descalificatoria no de
mi nombramiento, pero sí de mi persona, se dedicaba un párrafo
completo a mis deslices (no probados) con mi novia y sugería al
cuerpo de ancianos que no me nombraran anciano, a pesar de mis
despliegues de fidelidad testiguiana, que cual fórmula son las cosas
que se espera de los testigos fieles: ir a reuniones sagradamente +
predicar todos los días + hacer revisitas + dejar publicaciones +
hacer buenas presentaciones y discursos + dar buenos comentarios +
ayudar a algunos a alcanzar el bautismo etc,etc : Las “cosas” que
hacen los TJ para ser salvos.
Cuando me despedí nadie me dijo nada, incluso
dos ancianos se me acercaron para decirme que me habían dado una
“buena carta, porque yo lo merecía”
Saber esto me provocó dolor de estómago pues
era para mí muy doloroso aceptar que estas cosas pasaran en la
verdadera congregación de Dios. Entonces como yo había dejado todo
por seguir el precursorado, que ya no me daba ningún gozo, decidí
aceptar la invitación, la última y desesperada invitación de mi
querida mamá para ponerme a estudiar. Como yo había renunciado a la
empresa de seguros y estaba cesante, me había dedicado a ayudarle a
mi mamá en su pequeño almacén de venta de abarrotes y licores. Le
pedí un sueldo y yo me mantendría como su asalariado. Ella entonces
me dijo “¿porqué no te dedicas a estudiar y entonces te pago y te
doy un salario o mesada?”.
Lo pensé y me pareció una oferta
redonda, estupenda. Imagínate, estudiar gratis y con mesada!!!
(Aunque lo de la mesada, fue sólo una treta de mi mamá).
Lo acepté y con sentimientos
encontrados por traicionar mis principios. Me preparé para entrar a
la universidad y me matriculé en una de las más exigentes de mi
país. La Pontificia Universidad Católica de Chile a estudiar
Agronomía nuevamente.
Aunque a esas alturas ya tenía
certezas acerca de la relatividad de la aplicación de las normas en
cada congregación dependiendo de la cultura del Superintendente
presidente (que se echa al bolsillo las opiniones de todos los
demás), y de que ya había establecido que Yo no tenía problemas de
conciencia por estudiar en la prestigiosa “Católica”, de todas
formas hablé con el presidente del comité de Sucursal de Chile, y me
manejé tan bien que el señor este me dijo: “Bueno considerándolo
todo el estudiar en esta universidad no hace de ti un cristiano
inmaturo”…Dios había hablado, y de ahí en adelante les decía a mis
detractores con una mordaz sonrisa en la cara, “En Betel me
autorizaron sin problema”, y asunto arreglado.
Mi empezar desde cero para tratar
nuevamente de conseguir mi nombramiento de anciano, la carga de
saber que ancianos no habían sido leales conmigo, mis esfuerzos
estudiantiles infructuosos para levantar resultados académicos
penosos, me llevaron a depresión. (en mi nueva congregación confesé
haber abierto el sobre y ellos fueron indulgentes)
Me deprimí y mi reacción fue desgano de ir a
reuniones. Me enfrenté nuevamente a la decisión de seguir siendo
precursor o estudiar en la universidad. Opté dolorosamente por
dejar una actividad querida por 10 años.
¿Cómo reaccionaron los hermanos?.
Experimenté el dolor de sentir el rechazo, de mis antiguos
camaradas. El alejamiento de una persona de las “filas de
precursores”, provoca a menudo la estampida de quienes están en “la
primera línea de batalla contra Satanás”. Ya no conté con
comentarios auspiciosos, ya no era un “cristiano ejemplar”. Aunque
seguí siendo siervo ministerial, no me sentía pleno y me lo hacían
notar.
Mi autosuficiencia interior me llevó
a no contar mis problemas a mi novia y me envolví en mí mismo. Así
sin amigos hermanos como fuente de consuelo y siendo “autista
social” como todos los testigos, mi salud emocional cayó a sus más
bajos estados.
A pesar de sus esfuerzos nuestra relación no
dio para más. Producto de mi incomunicación, y término de atención
ella decidió terminar conmigo. La vieja ya mentada, se encargó
además de oficiar de cupido violinista y le zampó a un ex amigo mío
que “le echaba los perros” (como dicen en México). A mí no me dolió
en demasía en ese momento, pero después me provocó un amargo dolor.
A duras penas sobreviví mi primer año
de universidad y en una forma de redimirme, me postulé como ayudante
de verano en la construcción del salón de asambleas de “El trébol”
en Santiago, para ayudar en el desarrollo de los jardines y el
tendido del riego, aprovechando mis conocimientos de Agronomía.
(Salón recientemente “dedicado” en un rito oficiado por un “ungido”
del CG: Guert Losh o algo así)
Conocí jóvenes muy trabajadores y
otros que eran unos holgazanes, personas de hermoso corazón y otros
que vivían de apariencias de espiritualidad. Ví ancianos
incompetentes y ancianos prominentes, tipos pensadores y
autocríticos de nuestras falencias organizacionales y otros tipos
castrados mentalmente, prototipos clónicos de tj-modelo.
En este lugar tuve la gran bendición
de encontrar a quien ha resultado ser mi mejor amiga, mi crítica, mi
cómplice y mi compañera, mi socia y mi bellísima joven amada.
Estando en la élite testiguiana, la conocí cuando era “solo” una
joven estudiante (Estudio: dícese de aquella persona de segunda
clase que no califica todavía para ser llamada cristiana porque no
se bautiza todavía, aunque asiste a todas las reuniones y está más
convencida que los testigos veteranos).
Ya me había referido al vacío que
experimenté de mis antiguos compañeros precursores, pero me referiré
a como volví a estar en la punta de la pirámide.
Era el principio del milenio cuando
me decidí a ocupar uno de los veranos en la construcción del salón
de Asambleas con capacidad para 12000 personas, nuevamente volví a
estar en la boca de labios aduladores. Como debí trasladarme a una
congregación cercana al lugar de construcción, y llevar la chapa de
voluntario de la construcción, me hice una muy buena imagen. El
título o nombramiento de los voluntarios de la construcción es
ridículamente irrisorio: “miembro de la orden religiosa especial de
tiempo completo”, o algo así (las implicancias legales para tal
denominación no son en absoluto motivadas por un sonido rimbombante,
sino que responden a decisiones de estrategia administrativa
diseñada desde Brooklyn, ve el tema de Lucas o “Ave fénix” en su
página La torre de Marfil). Debido a que mi interés ya no era en
absoluto hacer méritos para ser anciano transando con mis
convicciones de dignidad, mantuve un bajo perfil y no hice mención
alguna de mi currículo de servicio y cursos. Como en el área de la
construcción es inevitable terminar sucio tras la jornada, yo me
veía como un recién llegado. A menudo los “jefes” de departamento,
más jóvenes y novatos que yo, me trataban con poca amabilidad
(aunque no sólo a mí, sino a todos sus subordinados), era sólo una
relación patrón-empleado. Fue inevitable que supervisores de Betel y
visitantes precursores y ancianos prominentes a menudo me
reconocieran trabajando en las faenas cuando ellos hacían tours
guiados, y de esa forma llegó a conocerse que yo era un “graduado de
la EEM”. Entonces pasé de uno del montón a uno con reconocimiento.
Yo como había quedado tan hastiado del manejo del poder y las
intrigas de palacio para llegar a puestos más altos dejé de
preocuparme por escalar posición y francamente lo saqué de mi vida.
Pero me molestaba que tipos flojos que eran
santurrones insoportables, que al mismo tiempo se masturbaban en las
noches (cosa que yo encuentro ahora de lo más normal, pero que es un
pecado serio en la comunidad testigoide), que vivían como en un
estrato superior por su santidad, y que sólo haciendo uso de las
influencias familiares, lograran el reconocimiento de los
supervisores en forma de investiduras de responsabilidad sobre
cuadrillas de hombres de trabajo duro. Aunque estos tipos eran
aislados y secretamente despreciados por los demás yo no entendía
porqué Jehová manejaba así las cosas (ahora lo tengo muy claro). Una
vez uno de estos individuos me reconoció su verdad, “yo sé que
ustedes no me quieren, pero no me importa, lo que me importa es que
los encargados de las recomendaciones y los ancianos me califiquen
bien”.
Esta es la actitud de aparentar de
miles y miles de tj, incluidos ancianos en punto de no retorno, que
creen que basta con servir al hombre, que van a reuniones aunque les
molesta y les aburre, que salen al servicio del campo, no porque les
guste hablar con las personas de la comunidad y dar ayuda
desinteresada sino porque es importante para acceder a un
nombramiento o en última instancia para mitigar el terror ante la
inminente ira de Dios en el marqueteado Armagedón. Que viven sus
vidas en un modelo prefabricado carente de un mínimo de amor sincero
por el prójimo, pues ven al resto de los congéneres desde la señora
Juanita hasta Bin Laden como miembros del mundo de Satanás, “comida
para pájaros” (Como dijo informalmente uno de mis instructores de la
EEM), transformándose ellos con esto en “autistas sociales”.
Faltaba mucho por hacer en el terreno
y en un despliegue de sincero altruismo hacia una obra que creía
divina, pospuse mis estudios durante un semestre para ayudar durante
la mitad del año que quedaba. Era comprensible la reacción de
horror de mi mamá y hermano, que pensaban que esta era nuevamente
una deserción idiota de mi rumbo.
Esta vez no me apresuré y jugué mis
cartas en una negociación. Tanteé el ambiente al insinuar mis deseos
de quedarme. Los supervisores que habían visto mi manejo
administrativo de tiempo, materiales y los adelantos logrados en mi
departamento producto de las sugerencias que yo le daba a un jefe
inepto deseaban que me quedara. Uno de ellos, un anciano joven
graduado de la escuela de entrenamiento me llamó un día para decirme
que lo que Jehová quería en estos momentos era la labor de la
construcción, que era más urgente que la obra de predicar porque
proporcionaba los lugares de adoración donde confluyen los millones
de personas que se están sacando del mundo antes de que venga el fin
y que además esta obra a diferencia de la predicación, continuará en
el nuevo mundo, por lo tanto dadas mis capacidades lo que yo debía
hacer era dejar mis estudios y hacerme parte del equipo de
construcción. Yo lo miré y sonreí mentalmente levantando la comisura
de mis labios diciéndole que lo iba a pensar. Entonces entré a la
negociación, le dije al cuerpo de ancianos supervisores de la
construcción que me quedaría por los próximos seis meses (un total
de 8 meses de trabajo), con una condición: que me permitieran
asistir a la universidad a una clase que se dictaría los Martes y
los Viernes por la mañana.
Ellos sin dudar me autorizaron.
Pensemos ahora un momento. ¿fue la
misericordiosa bondad de Jehová la que me permitió quedarme o la
decisión de ellos de contar con un trabajador capacitado gratuito?.
Es obvio que si yo hubiese sido un joven sin educación como la
mayoría de mis queridos compañeros de faenas, nunca hubiesen
permitido tal cosa, más aún considerando que estudiar en la
universidad es una actividad muy mal vista entre la masa testigoide.
De tal forma que yo era una especie de betelita
universitario.
La vida en las primeras etapas de la
ruta, refleja la “libertad” a la que las personas normales aspiran y
desean. Aunque las “habitaciones” no tenían nada que ver con las
piezas de hotel de 5 estrellas del Betel de Puente Alto, (o las que
actualmente existen en la ruta), y se reducían a unos estrechos
cuartuchos de madera en la que dormían hacinados hasta 4 “ruteros”
(Del latín “Ruta 5”, dícese de aquel voluntario de la gran orden
especial de tiempo completo que fue asignado a la construcción del
Salón de Asambleas “El trébol” ubicado en la ruta5 Sur”), la vida
era muy alegre. Podíamos a diferencia de Betel, llegar a la comida
con o sin corbata y sin el exceso de burrocracias de Betel.
No voy a contar los secretos de
familia, en cuanto a algunos expulsados por mala conducta y cosas
así, pero te cuento un evento muy gracioso que me sucedió a mi.
Quizás sepas que como dice el vídeo promocional
de Brooklyn (así con acento en la i), “el inicio de un día en Betel
es como el inicio de un día en cualquier hogar testigo de Jehová”. A
las siete de la mañana de Lunes a Sábado, de todas las semanas del
año, se hace “la consideración del texto del día”. Esto es leer y
hacer un comentario de un párrafo escogido impreso en el folleto
“Examinando las escrituras diariamente”.
Así en Betel y en la Ruta (Ruta =
Salón el Trébol), todos bañaditos y peinaditos y muertos de sueño y
frio, los alegres hermanos están anhelantes de oír la instrucción
divina de parte del “esclavo fiel y discreto”, que viene cada
mañana tal como Corn-Flakes de Kellog´s, dando alimento y nutrición
espiritual para enfrentar cada día.
Así somnolientos y esperando que el
asunto termine para por fin tomar café caliente o comer un pedazo de
pan con queso, todos escuchan atentos, expectantes, mientras el frío
de la madrugada se cuela por la ropa y el cuerpo tirita.
La genialidad de los comentarios, en
general producto del “copy-paste” del CD oficial, hace aún más
entretenida la mañana y agradecidos por tan profundo material,
estamos deseosos de salir para poner en práctica las amables
sugerencias.
El proceso es el siguiente. Usando el
tono del famoso Yerko Puchento diré.
Chicos ¿Ustedes creen que las
asignaciones para el texto del día son recibidas con alegría por los
voluntarios?
Chicos ¿Ustedes creen que el orden de
las asignaciones ha sido cuidadosamente planeado según la capacidad
de cada uno, después de orar a Jehová y que no se deja a la planilla
Excel?
Chicos ¿Ustedes creen que alguien
recuerda algún comentario después de 20 minutos?
Chicos ¿Ustedes creen que las
asignaciones del texto del día son preparadas en más de 15 minutos
de la noche anterior?
Cuando llegaban las asignaciones al
tablero de anuncios, todos decián “Chuta me toca tal o cual día”. En
verdad nunca vi a nadie exultante por tal “privilegio”. Que digan
lo que quieran, a mí nadie me va a contar cuentos.
Bueno el caso es que un día que me
tocó un famoso textito, era acerca de los últimos capítulos de
Ezequiel !!! (Con las medidas del templo de su visión y longitudes
por aquí y allá). Te juro que tenía presente el prepararme, incluso
me reía a carcajadas con mi querido compañero de pieza porque yo le
decía que iba a usar un tono de pastor, y repetir frases atalayescas
típicas “Sí, hermanos…sí, debemos prestar más de la acostumbrada
atención al texto bíblico que dice…entonces con corazón resuelto y
firme convicción corramos con aguante la carrera que está puesta
delante de nosotros, sin desfallecer porque al debido tiempo
segaremos, si no nos cansamos. Amén”
El caso es que nos quedamos dormidos
después de ver hasta bien tarde los archivos secretos X y desperté
horrorizado faltando 5 minutos, casi me pongo a llorar y desesperado
comencé a vestirme, no me puse calcetines, no me duché, me puse la
camisa y la chaqueta al mismo tiempo y me metí la corbata. Mientras
me abotonaba, le rogaba llorando a mi compañero que me dijera algo
del texto. Él, muy vaca se reía a carcajadas, mientras también se
vestía los jeans. Pero era imposible, hablaba de Ezequiel y su
visión de un templo y las medidas de sus escalinatas y qué se yo.
Entonces mientras corría a mojarme la cara y ya faltando 1 o 2
minutos, recordé que esa Atalaya había hablado del tema y que
mencionaba (aunque no en el párrafo, sí en el tema), un río que sale
del templo, y cuando toca las aguas del mar muerto da vida a los
peces muertos del gran lago salado, y hasta florece una flota
pesquera en él. Me acordé que los gurús de NewYork habían dicho que
el agua representa “las provisiones de vida eterna que dios da
mediante su hijo” (una genialidad)
Entonces yo iba a hablar de eso, pero
¡¿Qué iba a rellenar en dos minutos?¡, el párrafo lo único que
hacía era repetir medidas de longitud y yo estaba en estado de
Shock. Entonces abrí la puerta del comedor con la cara húmeda, sin
secar bien, y sin calcetines. Mientras el primero de los
comentaristas leía su hoja, yo trataba de captar lo que él decía y
ahí morí. Al tratar de captar su comentario, me distraje de lo mío,
y sin papel alguno y recién despertado, partí diciendo muy
pau-sa-da-men-te algo como:
“Ezequiel,… un profeta de Dios…
En la Biblia se habla de la visión de
Ezequiel en los capítulos tanto al tanto. Y se habla de un río…
Este río es… bueno, Ezequiel habla en la Biblia de un río, que es un
río que sale del templo… y fluye. El agua del río fluye por el cauce
del río y sale del templo. Bueno…el caso es que el agua del templo
es… O sea, el río es como cuando sale agua de un templo” Yo miré al
frente y al ver a todos conteniendo la risa y sin saber qué pensar
acerca de las incoherencias que estaba yo hablando, sudé helado y
seguí.
“El río fluye desde el templo que es
la casa de adoración de Jehová… y nosotros también estamos acá en la
casa de Jehová construyendo el Salón de Asambleas… que es como un
templo… desde el cual sale el agua del río”. Ya estaba perdido, no
podía hacer nada para arreglar la sopa, y suspiré profundo frente al
micrófono. Aunque ya llevaba rellenando unos 55 segundos jamás
llegaría a los dos minutos.
“Jehová …desea que el agua del río
llegue a todas partes, para alimentar a las personas, … bueno, no
para alimentar a las personas sino para darles de beber, porque el
agua quita la sed y….(Suspiro)ufffff”. No pude seguir.
Terminó de hablar el presidente de la
consideración de esa semana, y aprovechando que tenía clases de
Botánica, me fui a la universidad. Yo me acordaba y en el bus me iba
riendo de nervioso, reprochándome lo idiota que había sido.
Al llegar en la tarde, unas notas de
apoyo en mi cama decían “Ánimo hermano , estás cosas pasan y no
cambian el buen concepto que tenemos de ti” otra decía. “Hermano,
cuando el río suena es porque trae piedras” y otro más estaba
firmado por el Cuerpo Gobernante “Hermano esto le pasa porque está
enamorado”.
Mis amigos se reían junto a mí del
“rio” y mis suspiros y me imitan hasta ahora yo creo.
También algunos tipos (como el santo y
puro que se masturbaba), quiso humillarme diciendo que yo era poco
espiritual y se intentó burlar sarcásticamente. Pero ni lo tomé en
cuenta, de hecho, fue un evento simpático, diría mi momento más
agradable (después que hubo acabado, eso sí).
Pero analizando el asunto, esto revela
el hecho de que los testigos no somos capaces de generar nuestras
propias ideas, que es imposible adaptar a la vida las cosas que ya
se supone están integradas al diario vivir, los dichos bíblicos
deben necesariamente cubrirse del apoyo de la norma escrita en
piedra desde EEUU. Lo que yo quise decir era simple, pero no pude
sin el apoyo escrito de fraseología prefabricada. Pudo haber sido el
único momento de mi vida testiga para dar testimonio de lo que Yo
realmente quería decir, y no pude. No fui capaz, no fui entrenado
para dar testimonios de fe, sino para repetir mecánicamente todo lo
escrito por el Comité de redacción (comité creativo) de la
Watchtower Bible & Tract Society of New York INC.(esta INC es super
importante, es como la de “Monsters INC”)
En una de mis salidas me encontré con
la que ahora es mi novia en el portón del salón de asambleas. Una
bellísima jovencita rubia, estudiante de leyes. Y fue amor a primera
vista. Ambos buscábamos excusas para vernos sin despertar sospechas
de la curia. La conductora de ella una mujer joven de edad, vieja de
mente, ejercía control completo de sus actividades y el esposo de
esta señora, un amargado tj, desesperado por ser reconocido mediante
algún nombramiento, hasta controlaba sus movimientos por consultas
telefónicas.
Al percatarse de que yo, un “gurú”, me
había fijado en una simple “estudiante”, le empezó a hacer la vida
imposible, dificultó su bautismo, influyendo en los ancianos al
argumentarles que lo que mi actual novia quería era sólo “cazarme”.
Yo debo reconocer que a menudo personas bienintencionadas hacían
mención de la condición novata de esta joven, y que en vista de mis
pergaminos era deseable que yo como cristiano maduro me fijara en
una precursora con sus “papeles al día”. Pero yo habiendo evaluado
mi propia experiencia recordé que no fueron los TJ los que hicieron
de mí lo que soy. Mi personalidad es producto de mis genes y el
ambiente que me rodeó en la niñez y tierna juventud, yo en la
guachtaguer aprendí sólo doctrina y normas de sí o no. Muchas veces
yo las acepté con agrado y muchas otras me sometí por temor a los
rayos divinos, pero mi esencia está incólume y no depende de mi
religión ocasional. Quien llegó a ser mi novia es una joven que ha
sufrido en su familia, muy trabajadora, con un temperamento uuyyy,
que da miedo a veces. (es descendiente de alemanes), pero ama
profundamente a Dios, (ojo a diferencia de la masa testiguera no le
teme, lo ama). Y eso amo yo en ella, a pesar de que mis conceptos de
la divinidad han cambiado. Al diablo con los idiotas que criticaban
mi decisión. Esperé formalmente su bautismo, y nos pusimos de novios
esa semana y punto¡¡¡.
Desde el principio desarrollamos una
amistad cómplice y nos empezamos a reir de los formalismos idiotas
de algunos. Yo le medía la falda y le calculaba los centímetros de
espiritualidad, si le llegaba a los talones era ungida y si le
pasaba de la rodilla era apóstata, entonces escogía una falda de
publicadora medio- activa, y nos reíamos a carcajadas. Cuando les
dije a algunos amigos que estaba de novio, ellos me preguntaron
inmediatamente si mi novia era precursora. Yo les decía “ No, no lo
es,… pero tiene muy buenas piernas”, o “ no, pero es inteligente”. A
veces me decían ¿Cuánto tiempo tiene en la “verdad”?. Yo les decía
“Unoooosss quince… (días)”
“cuento con tu sagrada aprobación?”
finalizaba.
Bueno, llegó el tiempo de dejar la construcción
y me hicieron una despedida bien bonita, aunque era más bien un
pretexto para un breve esparcimiento, dentro de tantas normas
(después todo tipo de manifestaciones de honra a “criaturas” se
prohibió desde Betel.) Mi estadía en este anexo de Betel, me
permitió por ejemplo escuchar discursos enviados por el cuerpo
gobernante y dictados por ancianos de Betel. (un anciano de Betel,
es nombrado por “el cuerpoG”-no confundir “cuerpo” con “punto”), en
realidad no por ellos sino por otros tipos en quienes se delega esta
acción, y tienen por característica servir como ancianos con
jurisdicción en la casa Betel, ellos son cabeza de mesa y durante
una semana conducen la lectura del texto diario como presidentes de
mesa, por ejemplo, sólo los ancianos se sientan en las cabeceras, a
veces es chistoso lo complicado que es ver comer cuando no hay
ancianos que ocupen las cabeceras. (esto echa por tierra la tesis de
la igualdad entre todos los hermanos, usando una frase de Wells –no
el deprimido pesimista cultural, historiador favorito de la WT, sino
el escritor de “1984” y “Rebelión en la granja”-“Todos somos
iguales, pero hay animales más iguales que otros”, lo que ha
desatado un barullo estructural que jerarquiza hasta las comidas y
el lugar que cada cual ocupa en las mesas de comedor de esta rígida
asociación de empleados de la WT, en donde la posición social es
extremadamente relevante).
Quisiera mencionar que estos
discursos, exclusivos para “la familia Betel” como todas las
genialidades que escuchan cada fin de semana los tj en sus
reuniones, son temas de información tratada previamente en atalayas,
casi copiadas textualmente a veces de manera tristemente secuencial.
Yo pensé con alegría que me encontraría con información exclusiva,
un adelanto, una primicia de los corresponsales de brooklyn, que
reportean las noticias que pasan en el cielo y que de vez en cuando
nos dan títulos de portada con una declaración de un ángel con cara
de pájaro que sirve allí mismo donde se sienta el excelso.
Pero no, hubo un discurso, de la
paciencia, otro de servir fuertemente porque viene el fin pronto
(ya, bueno), otro de lo que significaban los hijos de Jacob, con los
tipos y antitipos , muy en la onda de F. Franz, copia de una Atalaya
sesentera .
Pero sí hubo un discurso primicia, una
brillantez espiritual. Este discurso trataba que “hay hermanos que
pueden ser entrampados por la fantasía mundana, que viven en mundos
de ensueño y que un cristiano maduro ejercería cautela para no
dejarse atrapar ni perder tiempo con la ciencia ficción y guerras
interplanetarias y naves de extrañas y lejanas galaxias!!”-esa
es la idea transmitida.
Yo, que como todos mis amigos saben soy fan
(aparte de Bosé) de STAR WARS, no pude evitar reirme de lo retrógado
del discurso.
Parece que el cuerpoG, ha sido
seducido por el lado oscuro de la fuerza.
Cualquier Betelita que haya estado en
servicio durante el 2000 puede confirmar esta estupidez, si no se
quedó dormido al medio del discurso.(Nadie hizo comentarios al
respecto pasó sin pena ni gloria).
Hubo uno que fue el más interesante,
pues era un tema poco tratado en general, obviamente presentaba
ideas con textitos por aquí y allá, como una sopita con papitas y
carne en tiempos de carestía. Trataba del “libre albedrío”. Lo dictó
el mejor orador de Betel, un tipo que se nota de buena cuna y de
buena educación, en realidad nada que decir el tipo “le pega”.
Quizás por eso fue sencillo extractar los puntos principales. El
bosquejo desde EEUU decía que Jehová reconoce nuestro derecho de
libre albedrío pues es un don otorgado por su exclusiva voluntad.
Pero cuando un siervo fiel se somete a su voluntad, dejando
voluntariamente de decidir sus acciones por sí mismo, entonces
Jehová toma el control de su vida y desde ese momento Dios se
encarga de asignarle la labor que determine más apropiada para el
cumplimiento de su propósito- no puedes decir que no es genial, con
este tollo, todos salimos engrupidos que el departamento en el que
trabajábamos, la congregación en la cual estábamos, la asignación en
la cual servíamos, la habitación en la cual dormíamos, el baño en el
cual…nos lavábamos los dientes, había sido escogido por Jehová como
el mejor en donde poder usar nuestras capacidades, así que no había
porqué preocuparse si el capitán de grupo era inepto, el anciano
torpe, la cama chica, el baño incómodo, era lo mejor que podía
haber. Esto también era alivio para quienes nunca tomaron decisiones
en su vida, de hecho para todos era mucho más cómodo que otros
pensaran por uno y decidieran el rumbo por uno. Así si se fracasa,
puedes endosarle el fracaso a otros. Pero si te fue mal por una
decisión que alguien tomó por ti en nombre de la divinidad, es
porque tú no fuiste lo suficientemente aplicado. Si por azar te fue
bien, entonces es la bendición de Dios- todos salimos contentos,
pues Dios dirigía nuestras vidas, sólo había que poner el piloto
automático. (Cuantos miles de jóvenes excelentes pierden su juventud
sirviendo a una fábrica Acme, pensando que Dios la dirige)
En fin, ya decidido de dejar atrás
tanta tontera, y vacuidad en pos de puestos, cumplí mi compromiso de
seis meses y volví a la congregación donde estaba mi ex novia, en el
territorio de la casa de mi mamá. Ya te mencioné que era presidida
por un viejo-crack, del tiempo de Rutherford o por lo menos es una
reencarnación.
Acá empieza mi última etapa
testiguiana la más entretenida y sabrosa. |
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